Cuando Ailén volvía de la escuela pasaba las tardes con su abuela Carmen. El plan preferido de ambas era mirar programas de cocina de Utilísima o El Gourmet. Como si fuera una clase magistral ellas anotaban las recetas que los cocineros dictaban por televisión. Recordaban cada detalle para después ponerlas en práctica. En la alacena de Carmen podía faltar yerba pero nunca harina, azúcar, manteca y limón. Con esos ingredientes hacían las galletitas azucaradas de limón. “No me salían muy ricas pero para mi familia siempre estaban riquísimas. Los fines de semana o los días libres que estaba en casa con mis papas hacía muchas, muchas tortas de barro con utensilios de la cocina de mamá y con plantas de mi jardín las decoraba”, dice Ailén.

Ailén nació en Buenos Aires hace 26 años. Pero a los pocos meses, su familia decidió regresar a San Antonio de Areco. Cuando terminó la secundaria en la Escuela Municipal Manuel Belgrano, volvió a Buenos Aires para estudiar producción de televisión: “Siempre me intrigó lo que pasaba detrás de escena: las grabaciones de programas, novelas o películas. Cada vez que nos juntábamos a estudiar con mis compañeros me la pasaba cocinando para recibirlos. Y no conseguía encontrar esa «pasión» por la TV para sentarme, dedicarme y estudiar”, dice.

En 2014, recibió el consejo de uno de sus mejores amigos: mientras charlaban sobre el presente, él le contó sobre lo que estaba aprendiendo en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG). La tentó para que se cambiara de carrera. Fue el aliento que necesitaba tomar coraje, modificar el rumbo y anotarse en el IAG. Lo que siguió fue una maratónica aventura en el mundo de la gastronomía. Enseguida entró a una pasantía en el restaurante Tegui, del chef Germán Martitegui. “La Jefa de cocina era Mercedes Solis. Allí aprendí muchas de las bases del oficio que me acompañan siempre”, dice Ailén.

Un día, mientras caminaba por el barrio porteño de Palermo pasó por el frente de una pastelería muy hermosa. En la vidriera decía: Ninina. Como cuando era chiquita y miraba fascinada a los cocineros de Utilísima, así contemplaba cada detalle de las tortas que estaban exhibidas en ese local de ensueño. No dudó un segundo en enviar su curriculum: quería trabajar en ese lugar.

“A los pocos días me llamaron para una entrevista, Sin experiencia como pastelera, me contrataron como auxiliar de cocina. Aprendí desde buenas prácticas de manipulación hasta control de stock y producción. La pastelería de Ninina está fundada en unas recetas súper valiosas de la familia, solo las podían hacer pasteleras contratadas para esa función. Allí fue donde mi curiosidad por la pastelería comenzó a aparecer”.

Las travesías de Ailén siguieron en San Pablo, Brasil, cuando quedó contratada en el restaurant D.O.M del famoso chef Alex Atala.“Sin saber portugués junto con mi amigo Nico fuimos a aprender un poco de la cocina y cultura brasilera. Cuando apareció una vacante en pastelería me anoté y quedé contratada para el Grupo Dom como pastelera de eventos: hicimos desde Loolapaloza Sao Paulo, las Olimpiadas Río de Janeiro hasta casamientos y cumpleaños”, cuenta.

En 2018, cansada del ritmo frenético de San Pablo, viajó a Ilhabela. “Junto con mi novio Joaquín, entramos a trabajar al DPNY beach hotel & spa primero como pastelera del restaurante principal del hotel donde tuve que readaptar carta de postres, luego como pastelera del hotel donde realizaba buffets para los brunchs de los domingos. Llegué a ser jefa de cocina. Pero con la pandemia cerró el hotel”, dice.

En ese mar de dudas, y lejos de la familia, decidieron regresar a San Antonio de Areco. Con los ahorros que tenían, luego de mucho esfuerzo y con la ayuda de familia y muchos amigos abrieron tucano.cafe. “Amo el arte, los animales, la naturaleza, la botánica y las aves son un amor aparte. Tengo muchos libros de mi bisabuelo, quien era cadete del botánico de San Antonio de Areco. Al pensar tucano (Tucán en portugués) junté muchos libros, imágenes y escritos de mi bisabuelo para forjar la identidad de nuestro café”, cuenta.

En cada torta que hace, Ailén se inspira en los colores y sabores de Ilhabela. A cada creación le agrega flores comestibles. Son obras de arte, se ven como pinceladas de Klimt.

“En Tucano me encuentro gran parte de mis días y estoy feliz. En mi pequeña cocina hago todas mis producciones artesanales de pastelería y donde en cada momento libre que tengo también practico mi hobbie que es la jardinería: disfruto de meter las manos en la tierra, como en una masa. Cada vez que una persona me dice, ‘muy rico todo’, ‘hacía mucho no comía algo tan rico’ o ‘me hiciste acordar a una receta que comía de chico’, me hace sentir que estoy en el camino correcto”.