Cada vez que Aldana Tapia acompañaba a su mamá hacer los trámites al banco era feliz. Se sentía cómoda cuando traspasaba la puerta de entrada y observaba con admiración el trabajo de los bancarios: miraba atentamente las manos de los empleados, escuchaba el ruido de los sellos antes de estamparse contra las boletas, admiraba la rapidez de los cajeros que, como magos ilusionistas, contaban fajos y fajos de pesos. Respiraba profundo para llevarse ese olor que caracteriza a los bancos: una mezcla indescifrable entre cuero, cobre de moneda y vapor de máquina de fotocopiadoras. Al verlos, ella sentía que los empleados bancarios eran personas inteligentes, que para todo tenían una respuesta. Y le decía a Marisol:

Mamá, de grande quiero trabajar acá- mientras esperaban el turno, maravillada como si estuviese en un set de filmación de su película preferida en donde ella era la protagonista.

Cuando en noveno grado tuvo que decidir qué rama quería seguir estudiando optó por el bachillerato de economía. Le encantaban las clases de matemáticas, disfrutaba resolviendo cálculos y además era organizada en todas sus actividades. En 2014, al terminar el secundario, se anotó en la Universidad Nacional “Arturo Jauretche” para seguir la Licenciatura en Administración de Empresas.

“Por mi hermano, que estaba becado, me enteré que había una organización social que se llama Puentes que estaban buscando un estudiante de Ciencias Económicas para brindarle apoyo económico. Puentes es una ONG que con el apoyo de diferentes empresas, apadrina a chicos y chicas y les brindan una beca económica para solventar los gastos de la facultad. Entonces me anoté. Me hicieron varias entrevistas socioambientales, test psicológicos. En mi casa solo había un salario en blanco que era el de mi mamá. En agosto de 2014 quedé seleccionada. Me apadrinó el Banco Galicia: esa beca me ayudó en toda mi carrera, me ayudó a poder estudiar. No solo fue apoyo económico sino también emocional”, cuenta Aldana.

En enero de 2019 tuvo su primera experiencia en un banco. Cuando le tocó hacer una pasantía de verano en la sucursal 132 de Florencio Varela, a unas pocas cuadras de su casa. En esos meses era una de las encargadas de recibir a los clientes y derivarlos a las áreas correspondientes. Ella dice que ese primer contacto con ese mundo la entusiasmó para seguir creciendo y para aprender a cómo relacionarse con el público.

Con 25 años, Aldana está cursando su último año de la carrera y será la primera de su familia en obtener un título universitario. “Mi mamá era jefa de radiología, en 2016 falleció y papá es pintor. Gracias al trabajo y el esfuerzo de mis padres nunca nos faltó nada. Tengo dos hermanos y vivimos en Florencio Varela. Mi mamá siempre me decía ́hija estudiá y vas a conseguir un buen trabajo´”, dice Aldana.

A los cuatro meses de haber terminado la pasantía de verano, Aldana tuvo una entrevista para ingresar a trabajar en la Casa Matriz del banco. De los nervios, la noche anterior le costó dormirse. Para llegar a horario, Aldana se despertó a las cinco de la mañana, desayunó y cuarenta minutos más tarde estaba arriba del colectivo 500 que la llevaría hasta la estación Florencio Varela del tren Roca. Se bajó en Constitución, se subió al subte línea C, combinó luego con la línea B para luego bajarse en Alem y caminar dos cuadras hasta llegar al banco. De ahí en ascensor hasta el piso 8: oficina de Legales.

En la entrevista le hicieron armar con ladrillos de juguete algo que a ella la representara. Aldana construyó una casa, con perros y pasto. Así se imagina su futuro y sabe que para lograr ese deseo necesita trabajar y crecer en su profesión. El día que recibió el mail que le anunciaba que había quedado seleccionada, estaba en la fundación Puentes. Lo primero que hizo fue abrazar a sus amigos y llamar a su papá y a su mejor amiga para contarles la novedad.

“Cuando me dijeron que había quedado seleccionada sentí una alegría inmensa, lo viví como un gran logro. Desde que me dieron la beca mi objetivo era entrar a trabajar en el banco. Sabía que con esfuerzo lo podía lograr y crecer. En mi familia seré la primera que tendré un título universitario. En un futuro me veo trabajando en el banco, creciendo en lo personal, ese es mi profundo deseo. Mi mamá me enseñó a estar preparada, a ahorrar por las dudas. Gracias a Puentes pude llegar a tener vínculo con el Galicia. Además estoy muy agradecida a la Gerencia de Sustentabilidad por acompañarme desde el primer año de mi carrera universitaria y en mi práctica laboral en el banco. Estoy haciendo mi tesis sobre la importancia de la información en la toma de decisiones, se llama inteligencia de negocios, cómo la tecnología influyó en las organizaciones”, dice.

El 5 de agosto de 2019, Aldana lo recuerda como si fuese el cumpleaños de un ser querido. Ese día empezó a trabajar en la Casa Matriz del banco, comenzaba a cumplirse el sueño que tenía desde pequeña, cada vez que esperaban su turno con su mamá y le decía: “Mamá quiero trabajar acá”. La noche anterior también le costó dormirse, se desveló pensando en cómo serían sus compañeros de trabajo, si iba a poder cumplir los objetivos. Tres días antes ya había elegido qué ropa iba a usar. Le volvería a dar una chance a la camisa blanca con rayas celeste: ella sentía que esa prenda le traía mala suerte ya que la había usado en otras oportunidades y no había quedado seleccionada. Pero esta vez era diferente: el puesto estaba asegurado. Todos los miedos se le fueron cuando la recibieron sus compañeros del área de Legales, quienes la acompañaron desde el primer día. De su casa se llevó el mate de madera con alpaca que era de su mamá: ese objeto es lo único que hay en su escritorio.

“Con el primer salario ayudé a comprar cosas en mi casa y cuando cumplió años mi papá le pude hacer un lindo regalo”, cuenta orgullosa. Aldana se reparte entre la facultad y el trabajo que hoy realiza desde su casa, debido a las restricciones por la pandemia. “Sigo los consejos que me enseñó mi mamá: que estudie y que trabaje. Estoy muy agradecida con todas las posibilidades que me dieron desde la fundación Puentes y el banco Galicia. Fueron y son muy importantes para mi. Sin la beca, no hubiese dejado de estudiar ni de trabajar, pero gracias a la ayuda económica lo hice con más ganas y con mejores condiciones. Eso me permitió conocer profesionales y al verlos trabajar me daba ánimo para seguir estudiando y conseguir un mejor trabajo”.


Fotos de Camila de Diago

Con el apoyo de Banco Galicia