Theresa Moloney caminaba por el boulevard Zerboni, dobló en Alsina rumbo a la Plaza Ruiz de Arellano, cuando vio -dice- “una imagen idílica del pueblo”: dos niños en bicicleta, jugueteando. Sin embargo, la imagen se rompió cuando de las manos de los niños cayeron al suelo un papel y un cartón de jugo. “Me acerqué y les dije que se les había caído algo al piso. Me miraron con mucho desinterés, ni siquiera percibieron el acto”, recuerda.

Theresa decidió que ese impulso que había sentido en ese preciso instante, y que venía acompañado de una conciencia ambiental que cultivó durante años, tenía que transformarse en una acción colectiva. Compartió su inquietud con sus amigas y amigos, y de repente, así como así, el grupo inicial que formaría Arecos en diciembre de 2014 estaba constituido.

Deborah Recaite Ponte, la actual presidenta de la ONG, reunió a los voluntarios en el bar Cuatro de Copas, en aquel pequeño y simbólico acto fundacional, nació esta asociación, la herramienta con la que este grupo busca concientizar sobre la deposición de la basura, el cuidado del medio ambiente y la alimentación saludable. «Gracias a Déborah y su iniciativa, nos juntamos, ella contactó a todos y tuvo la idea de que nos juntáramos para hacer algo en conjunto», cuenta There.

“Esa reunión fue hermosa, todos teníamos algo que decir, algo para aportar y no nos conocíamos. Salieron 20 mil temas, pero sobre todo insistimos en el tratamiento de la basura, pensamos qué hacer para solucionarlo”, cuenta Theresa. En ese mismo encuentro, decidieron encarar el primer proyecto, al que llamaron Plasticando, que se puso en marcha en marzo de 2015 y que ya lleva recicladas 12 toneladas de botellas PET. Arecos las junta, las acopia y las lleva a una planta de reciclaje, en General Pacheco.

Ese trabajo, que hoy parece fácil, fue en realidad muy complejo. “Teníamos que ofrecer un círculo cerrado, para que el vecino confiara que estábamos llevando la botella al lugar adecuado. Lo que no queríamos era que la gente separara y que las botellas no llegaran a ningún lado”, explica There. Primero tuvieron la ayuda principalmente de los gastronómicos, después empezaron a recolectar en las casas particulares, las escuelas y los clubes. “Ahora logramos un acopio permanente, en la barraca García, en Smith 848; los dueños, por su compromiso social, decidieron ayudarnos con el lugar y el uso de la prensadora, con la que podemos armar los fardos de botellas PET”. El único requisito: llevar la botella aplastada y con la tapita, que también se recupera.

Juntando las botellas, en Arecos advirtieron que había un altísimo consumo de gaseosas. Así nació otro proyecto asociado, de alimentación saludable. Y la iniciativa para instalar el uso de la ecobolsa, reutilizable, en vez de las bolsitas plásticas, que son híper contaminantes. “Buscamos despertar conciencia sobre la necesidad de reducir el uso de plásticos. Las famosas tres R: reducir, reutilizar y reciclar. Reciclar es la última opción, antes hay que reducir, luego reutilizar y si no queda otra opción, reciclamos”. Con Plasticando, la ONG quiere instalar la necesidad de la separación de residuos, con lo que se puede reducir hasta un 50% de lo que se genera en los hogares.

“Esto lo hago por el sentido de comunidad. Arecos es mi forma de contribuir a la comunidad, puedo devolverle algo a la comunidad”, dice There, quien nació en un campo de Irlanda y llegó a San Antonio de Areco hace algunos años, donde formó una familia. “Yo era la chica verde de mi casa. Iba a la playa a juntar las latas. En mi pueblo, que tenía tres mil habitantes, y había basura. Viví esa Irlanda de la basura en los caminos, esa Irlanda que decidió, de arriba y abajo, cambiar y no hacer más eso. Se puede hacer”, asegura.

Theresa es experta en migraciones internacionales. Así fue como entró en contacto con historias desgarradoras: miles desplazamientos de personas por el cambio climático: ciudades enteras que tuvieron que migrar porque sus casas habían quedado debajo de un alud. “Esa fue mi llegada a la ecología. Es un modo de vida: ser consciente del impacto que tiene nuestro día a día. Las bolsas en el supermercado, el envoltorio de los productos, la utilización constante del auto… yo busco reducir lo máximo posible la huella de carbono. En el día a día, no podés ignorar esto, no es lo mismo. Con todo esto, empecé a cuestionarme qué ropa compro, qué juguetes para los chicos, la comida, de dónde viene…”.

Theresa pone el énfasis en que los cambios están mucho más a mano de lo que nos imaginamos: “A nivel global, la situación es deprimente, pero los cambios son a nivel local, con los gobiernos locales que sí necesitan comunidades que vivan en armonía, que necesitan resolver conflictos ambientales y sociales, para que su gente viva mejor. Para eso, hay que mejorar la calidad de vida. El ciudadano tiene que aportar siendo responsable”.

“Si se opta por el cuidado del medio ambiente, no hay nada para perder. El cuidado del ambiente es un servicio, es transversal a todos los departamentos. En una comunidad chica, se puede generar este compromiso”, dice There. Y esa es la propuesta central de Arecos: un grupo de 14 personas que, desde la sociedad civil, trabaja para comprometer a vecinos, entidades públicas y privadas, con la idea de mejorar la calidad de vida de los vecinos de San Antonio de Areco. Aunque, como aclara ella, “sin los vecinos es imposible”.

Mientras continúan dando charlas y talleres en las escuelas, y sostienen los programas con los que afianzaron su crecimiento como ONG, Arecos apuesta en 2019 a conseguir la personería jurídica como Asociación Civil, lo que les permitirá consolidarse definitivamente. Theresa sonríe y apunta: “Nunca es tarde para optar por la calidad de vida”. Y eso, dice, lo ven claramente cada vez que la gente se acerca a alguna de las actividades que realizan: “Llegan con una sonrisa y se van con una sonrisa más grande”.