Fotos Cami Benítez

Suena música clásica de fondo. También algunos gritos y risas. En una pequeña “oficina” antes de las salas de baile, Consue Fiorda está sentada detrás de un escritorio con sus cuadernos y útiles a mano, mientras las pequeñas bailarinas pasan delante suyo y ella marca prolijamente la asistencia del alumnado de Maya Fiorda Estudio De Danzas. Por su cabeza, mientras cumple con su trabajo de secretaria, vuelan imágenes de historias que imagina -y que luego escribirá en cuentos y poesías-, también escenas que ensayará en teatro y dibujos que luego plasmará en tejidos al crochet: todo lo que forma parte de su inquieto y multifacético universo.

“Tengo muchos sueños de vida, pero hoy me siento muy bien y realizada. Tengo mi vida artística, laboral y personal. Estoy viviendo un sueño, pero me gusta siempre probar cosas nuevas”, dice. De lunes a viernes, Consu -como la llaman quienes la conocen- trabaja en el estudio de danzas de su hermana, Maya; en paralelo, realiza trabajos de tejido y decoraciones y reparte su tiempo entre múltiples actividades que, asegura, la ayudaron a madurar “emocional y personalmente”.

Consu hizo la escuela primaria, cuando el sistema de escolaridad se extendía hasta noveno año. Sin embargo, desde pequeña había empezado a bailar. A los ocho arrancó con ballet y nunca más paró. “Me da mucho placer”, asegura, mientras revela detalles de la muestra de fin de año de la escuela en la que participará de coreografías con música de los Beatles. “Después de terminar la escuela me dejé llevar por mis sueños. Me gusta escribir, soy escritora. Escribo poesía y cuentos. Estoy escribiendo una novela, pero no puedo adelantar de qué se trata. Soy múltiple, hago de todo”, cuenta.

Si tuviera que elegir, Consu no duda en optar por el tejido como la disciplina en la que -dice- se deja llevar hasta perderse y ser “otra persona”. “Me olvido de todo lo que me enoja… me hace feliz. Voy con una profe, de San Antonio de Areco, Olga Montevidone de Ábalos que me enseña desde el amor”. Además de tejer al crochet y asesorar para decoraciones, Consu hace y vende escarapelas que son un éxito para las fechas patrias, polainas artesanales para las bailarinas, carpetas de hilo para vestir mesas. En fin un universo extenso de productos hechos a mano y con amor.

Uno de los talleres que más la ayudó, sobre todo para superar su timidez, fue el de teatro: “Me encantó descubrirlo, con el tiempo tomé confianza y me llegó hasta el alma. Es pasión que tengo por el teatro. Me encantaría poder crecer en el teatro. Teresa Alonso es mi profesora, es muy buena y es muy importante para mí”.

A sus 30 años, Consu se siente realizada y agradecida por quienes la fueron ayudando a lo largo de su vida. “Mis tías me ayudaron mucho, que son artistas. Sobre todo Elvita fue un apoyo interno. He tenido mucha ayuda, un montón de profesores de literatura, una de ellas Graciela Vélez, que también me ayudó para presentar los libros. La quiero un montón. Le quiero dar las gracias por estar siempre presente. Gustavo Green, Rubén Darío Gasparini, también fueron muy importantes, todos fueron muy buenos conmigo. Siempre me preguntan si sigo escribiendo o no, me alientan para que siga. Son el apoyo más grande que tengo. Eso me hizo madurar”, dice.

En su trabajo, Consu asegura que es la “más memoriosa” y que ama lo que hace: “Yo llego, tomo asistencia, estoy en la parte de arancel, llevo el control, hago de todo y me encanta”. Y en un futuro, ella se ve teniendo su propia casa, con un taller donde darle rienda suelta a todos sus sueños artísticos. Que no son pocos ni pequeños.