En 2014, Mariano Sallorenzo volvió de un viaje por España convencido de que la fábrica de cartón que había fundado su abuelo Luis en 1950 tenía que dar un giro en la producción. Se había quedado sorprendido cuando en una exposición en Valencia vio un banquito hecho completamente a base de cartón. En su familia, Mariano es la tercera generación en la industria del kraft, pero siempre relacionó el uso de ese material solamente con la fabricación de cajas. Es por eso que quedó tan maravillado con ese invento al que miraba como si se tratase de un cuadro de Caravaggio. Lo desarmó para tratar de entender el encastre de las piezas, no podía creer que con dos planchas de cartón se podía fabricar un banco ultra resistente.

“Grincraft nace de la curiosidad de entender al cartón desde otra perspectiva. Ver la versatilidad que tiene el material, más allá de la típica caja cuadrada o rectangular. Cuando ví ese banquito se me abrieron otras posibilidades para el uso del cartón, que además tenían una salida comercial. Fue una fuente de inspiración para darle un nuevo sentido a la fábrica”, dice Mariano.

Cuando volvió del viaje, le contó la idea a su papá, José, y a su tío Carlos. La primera reacción fue de desconfianza. Él no se dio por vencido y les decía que era una posibilidad de innovar en el país. Mariano les contó a los trabajadores de la fábrica y juntos investigaron cuál era el mejor cartón para usar, dibujaron el diseño, trazaron los pliegues, hasta que llegaron a la versión argentina del banquito que había visto en España. En 2015 fabricaron el primer ejemplar, así nació el banco que nombraron SIT, que pesa 1 kilo y resiste 180 kilos. Con los años ampliaron el catálogo, hoy hacen cestos de basura, mesas, estanterías hasta sofás. Todo en cartón 100% reciclable, un ciclo de vida continuo.

“Mi historia familiar está ligada al mundo del cartón corrugado y a las cajas. De chico recuerdo las visitas a la fábrica, el olor al papel y los pallets llenos de cajas. Yo no soy ni diseñador industrial ni arquitecto, me recibí en la UBA de licenciado en recursos humanos y de abogado. La primera carrera la ejerzo un poco más para los tratos interpersonales, pero de abogacía nada. Antes de llegar a trabajar a la fábrica de cartón de mi familia hice un paso por empresas multinacionales”, cuenta Mariano.

Cuando decidió empezar con Grincraf conoció el Sistema B y se dio cuenta que tenían puntos de conexión. Como base fundamental persiguen el triple impacto, eso significa que no solo tienen en cuenta el rédito económico sino que además son sustentables con el medio ambiente y tienen un vínculo positivo en la comunidad. “Nosotros estamos en San Justo, partido de La Matanza, una zona muy relegada a nivel social, entonces comenzamos a trabajar con el barrio. Nos involucramos con los vecinos para devolver a los hijos, nietos, primos, familiares de los trabajadores de nuestra fábrica algo de todo lo que ellos nos dieron a nosotros. Además colaboramos con la parroquia San Roque González, ayudamos a la formación socioambiental y brindamos talleres de creatividad en el uso del cartón y reciclado del material. Sentí que encontré mi lugar, es un aprendizaje constante”, dice.

Junto a su familia, Mariano se mudó a Trenque Lauquen. Hoy divide sus días entre la llanura pampeana y La Matanza. Allá se involucró con un programa laboral del Servicio Penitenciario. Los presos que cumplen los últimos años de condena y que gozan del beneficio de salidas transitorias, fabrican pelotas de fútbol. Cuando Mariano se enteró que existía la La Fábrica «EL PASE» TL , se le ocurrió hacerles el packaging de cartón. “Con los sobrantes que teníamos en Grincraft pensé en hacerles las cajas, eso genera que haya más personas dentro del programa e impacta en escala. Además ayuda a la reinserción laboral de las personas próximas a recuperar la libertad. Mi motor a la hora de trabajar es generar un impacto positivo. Se puede emprender pensando en el medio ambiente y en la sociedad”

A Mariano lo cautivó el círculo virtuoso de los muebles de cartón. Una cinta de moebius de reciclado: ese banco que es usado para un evento luego se reutiliza para formar otro objeto. “Todos los muebles que hacemos están diseñados para que se puedan construir encastrando las piezas. Cada vez que terminaba una presentación del producto a modo de prueba me paraba sobre el banquito para mostrar la resistencia. Me considero un emprendedor. A Grincraft lo vi nacer y lo siento como una evolución de la fábrica de mi familia”, dice Mariano.