Celso Limberger habla despacio pero apasionadamente. Es un convencido de que la herramienta que tiene entre sus manos no sólo funciona, sino que representa una posibilidad concreta de repensar la ruralidad y el arraigo para que cientos de miles de jóvenes no tengan que migrar de sus contextos, lejos de la familia y sus afectos.

En poco más de 30 años, las Escuelas de la Familia Agrícola (EFA) provocaron un verdadero movimiento en la provincia de Misiones, adonde llegaron de la mano del sacerdote Padre José Marx SVD. Celso fue parte, junto otros alumnos, de la primera camada que incursionó en el sistema en el año 1986. Desde entonces, la experiencia no paró de crecer y Celso, tampoco. Se formó en la EFA, luego del Instituto Capacitación de Monitores, Reconquista Santa Fe que formaba docentes para el sistema, hizo toda su carrera allí y hoy es rector del Profesorado de Ciencias Agrarias y Protección Ambiental de Capioví, desde donde impulsan una serie de proyectos de verdadera innovación rural, que abarca desde la investigación, el desarrollo tecnológico, la preocupación ambiental y la dimensión productiva.

“Tenemos un número importante de pequeños y medianos productores en la provincia, entre 33 y 35 mil. Y ese número se eleva, si se tienen en cuenta actividades periurbanas, a 50 mil. Esto hace que el sistema educativo donde yo me formé, las EFA, tenga tanto auge en Misiones”, explica Celso, a quien su paso por este sistema educativo le abrió las puertas del mundo. Además de haber participado en más de 300 proyectos y experiencias de desarrollo local y en numerosos congresos y seminarios, Celso fue becado para hacer pasantías de intercambio con MFR de Francia, la Universidad de Osnabrück de Alemania y el Congreso Internacional de Desarrollo Rural Intercontinental Bukoba, Tanzania, África.

Las EFA están basadas en un Sistema de Alternancia Educativa. “Es un sistema que surgió en la década del 30 del siglo pasado, en Francia, promovido por un grupo de pequeños productores”, explica. “Ellos propusieron alternar tiempos de estudio y tiempos de permanencia del chico en su ámbito familiar o socio-comunitario, colaborando con las actividades de la finca o chacra y a la vez retroalimentando su propio proceso mediante la dialéctica acción – reflexión; práctica- teoría – práctica superadora”, dice.

Para crear una escuela de este tipo, antes se tiene que formar una asociación civil conformada por padres y allegados, que tienen la potestad de administrar la institución. “Son escuelas públicas de gestión privada, donde las familias intervienen en la organización y en el manejo económico-material de la escuela, la administración económica financiera que demanda la permanencia de los chicos en el internado, que es donde permanecen los chicos. Los ritmos difieren de acuerdo a la orientación que defina las Familias, la asociación civil en función de las demandas del contexto, y las respuestas que se aspira dar desde la Escuela”, detalla Celso.

¿Cuánto tiempo pasan los alumnos en la escuela?
Por lo general, tenemos ritmos de dos semanas y dos semanas o bien una semana y una semana, aunque hay experiencias de ritmos diversos en el mundo. Si es de una semana y una semana, el chico entra el lunes a la mañana y sale el viernes a la tarde. En ese periodo, vive en la escuela, ponemos mucho énfasis en la formación integral. Los chicos participan de todas las actividades que hacen a la vivencia del ámbito educativo. No tenemos porteros, por ejemplo, todo el trabajo de mantenimiento de las instalaciones, el acondicionamiento de las aulas, se hace en equipo entre docentes con los chicos. Consideramos que todo lo que sucede en el ámbito educativo es parte del proceso formativo y de enseñanza – aprendizaje. Los chicos sirven la comida, preparan la mesa , ellos mismos luego recogen y lavan las vajillas. Se conforman grupos de trabajo para cada actividad, que van rotando de modo tal que todos los alumnos, varones y mujeres, aprendan a asumir con gran responsabilidad distintos roles y funciones.

Vos te formaste en ese sistema, ¿qué te dejó como marca?
La escuela primaria la hice en una escuela rural. Mi familia es descendiente de alemanes brasileños, eran pequeños productores minifundistas. Después de la primaria, me fui a estudiar dos años a una secundaria secundaria urbana, a los dos años deserté del sistema educativo, su formación, su estructura, orientación descontextualizada a mi realidad no despertaba en mí ningún interés. Estuve un año sin estudiar, y hacia finales de ese año el Padre José Marx SVD, empezó a promover las EFA en Misiones. Me encontré con un folleto, que me movilizó de sobremanera, de modo tal que decidí empezar a estudiar nuevamente la secundaria, desde primer año. Fue la primera EFA de Misiones, la San Ignacio de Loyola, año 1986. Éramos un grupo de chicos que nos movilizábamos 100 kilómetros cada 15 días. La alternancia era de dos y dos: dos semanas en la escuela y dos semanas estaba con mi familia, ayudando en la finca y a la vez trabajando en un aserradero, lo me permitió solventar, autónomamente, mis propios estudios. El sistema me cautivó y nunca pude dejar de formar parte de él. Nunca más me llevé ninguna materia, cuando en realidad en la secundaria común me había llevado 11 materias. Cabe aclarar La EFA me atrapó tanto, que ya en segundo año supe que quería ser profesor de Ciencias Agrarias. Tras mi formación me fui a estudiar dicha carrera del profesorado en un Instituto que nos formaba para el Sistema en la ciudad de Reconquista provincia de Santa Fe; cuando estaba finalizando en el cuarto año, me ofrecieron trabajo en el Profesorado de Ciencias Agrarias y Protección Ambiental de Capioví, Misiones, con el claro mandato fundacional de formar docentes para las escuelas del sistema y para la ruralidad. El profesorado abrió sus puertas en 1992 y fue fundado por el sacerdote Padre José Marx SVD, quien fue el promotor de las EFA en Misiones. Marx era un sacerdote muy comprometido con el trabajo social, su anhelo era fundar una EFA en cada lugar que fuera necesario. Él fue quien me convocó a trabajar en Capioví, donde en febrero del 2021 cumpliré 26 años de servicio. Hace ocho años que soy rector del Instituto. En este momento son 24 EFA; tenemos además una escuela (tayí Poty) y un Anexo (Peruti) que forma y trabaja con chicas y chicas y sus familias de Etnia Mbya Guaraní, donde hay aproximadamente 180 chicos formándose en el nivel secundario. En total, en toda la provincia de Misiones participan activamente en nuestro sistema aproximadamente 5000 alumnos/estudiantes.

La ruralidad y la producción agropecuaria me atrapan, porque sin lugar a dudas, es un ámbito donde podemos desarrollar nuestro proyecto personal de vida»

Creciste en una familia agrícola, ¿a qué se dedicaban?
Cuando mis padres vinieron de Brasil, llegaron con una mano atrás y otra adelante. Mi papá fue a trabajar inicialmente en una planta de procesamiento de fécula de mandioca, cuya zafra funcionaba siete meses al año. El tiempo restante del año cultivaba tierras arrendadas. Gracias a ese esfuerzo, compró algunas hectáreas para producir y generar sus propias fuentes de ingreso. Nosotros cultivábamos mandioca, maíz, teníamos una huerta, animales bovinos, cerdos, aves de corral… yo crecí en ese ambiente. La ruralidad y la producción agropecuaria me atrapan, porque sin lugar a dudas, es un ámbito donde podemos desarrollar nuestro proyecto personal de vida y, si eso está complementado con una formación tecnológica dispuesta a innovar a introducir cambios de buenas prácticas agrícolas, pecuarias, forestales, de procesos, todas ellas atravesadas por buenas prácticas ambientales, indudablemente eso favorece a que la gente pueda quedarse en sus lugares. Justamente, el Sistema de Alternancia Educativa surge como una corriente filosófica, antropológica que intenta promover el arraigo físico y fortalecer a la cultura rural. Cabe aquí señalar y resignificar una cosa muy importante: no limitar la ruralidad a la producción agrícola, pecuaria y forestal, sino tomar a la ruralidad como un todo, donde las personas pueden vivir y desarrollarse. Quizá, no con todos los servicios urbanos, pero sí con un sistema de salud acorde, disponiendo de buenos caminos y accesos, energía eléctrica, agua; el desarrollo de otras profesiones… es decir, nosotros si bien nos denominamos como “escuelas” porque formamos parte del sistema educativo, pero desde nuestra concepción filosófica nos concebimos como verdaderos Centros Educativos para la Promoción y Desarrollo del Territorio. Tratamos de que los chicos se formen en el campo de las ciencias, pero también en las prácticas profesionalizantes, en valores y liderazgos. Es un aspecto clave.

¿Ese es un punto importante para evitar la migración del ámbito rural al urbano?
Sí, exactamente. Este sistema nace con esa concepción. Ahora, nosotros no podemos desconocer que hay una tendencia, en general por parte de los jóvenes, de aspirar, tras su formación media, una formación superior. Usufructúan, en el mejor sentido de la palabra, del sistema y luego incursionan en carreras de diversos tipos. Hay una particularidad que nosotros resignificamos, cuando hablamos del arraigo físico y cultural. Nuestros alumnos, tras su paso por el sistema, difícilmente en el futuro vayan a despotricar contra la ruralidad, eso para nosotros es clave. El vínculo que se genera con la ruralidad, a partir del tiempo compartido en la escuela, hace que tengan una enorme valoración de sus costumbres, idiosincrasia, cultura.

¿Cómo ves este momento en el que hay planteos para repensar el territorio, la distribución de la población?
Creo que el anhelo de los jóvenes del nivel medio que se forman en ámbitos rurales sigue siendo, en muchos casos, emigrar hacia la ciudad para iniciar una carrera universitaria. Sin embargo, otra cuestión que estoy visibilizando, aunque no lo tengo contabilizado, es que hay una tendencia de quienes están en las grandes urbes de querer volver a los contextos de donde salieron. Esto va a generar un repoblamiento.

¿Por qué se da eso?
A partir de la pandemia, y las limitaciones que se manifestaron, volver al contexto de un pueblo chico o de una chacra, implica un aumento de la libertad. Y hay una revalorización de la ruralidad. Acá hay un enorme desafío para el sistema educativo, que nunca va a ser igual a partir de esto que estamos viviendo. La virtualidad va a enriquecer y potenciar al sistema. Todos nos vimos en la obligación de incorporar recursos tecnológicos que llegaron para quedarse, generando una capacidad instalada que nos va a terminar potenciando, estoy convencido porque lo estoy viendo en el trabajo que pudimos generar en nuestra institución.

Incluso puede significar una herramienta para quienes elijan quedarse en un pueblo, pero no pierden la posibilidad de formarse en el nivel superior.
Totalmente. Creo que la pandemia nos hizo ver qué tenemos en cada contexto, el potencial disponible. Incluso hablo de ofertas educativas en el territorio, las cuales de pronto, no estaban siendo visibilizadas por la población aledaña a ese contexto. Sin embargo, muchos chicos descubrieron en este tiempo que hay ofertas formativas al alcance de sus manos. Esto va a hacer que muchos se puedan quedar junto a sus familias y afectos, sin perder la posibilidad de estudiar. Nuestro Instituto junto a sus diversas ofertas educativas de Nivel Superior (Profesorado para la Educación Secundaria en Agronomía, Tecnicaturas superiores en Producción apícola – Horticultura y Cultivos Intensivos, Floricultura y Jardinería, Foresto Ganadería; y Formaciones Profesionales Operario Apícola y Operario Meliponicultor) cuenta un Campo Experimental de Prácticas 17,5 hectáreas. Ese centro de prácticas es hoy una referencia para Misiones y para la región, lo utilizamos para diversas actividades, vinculados a proyectos didácticos productivos, de investigación aplicada, siempre orientadas al trabajo y la formación de nuestros alumnos y acompañamiento a nuestros egresados. Desde el centro experimental articulamos y promovemos un fuerte trabajo vinculado a escuelas asociadas, al igual que con pequeños y medianos productores, que de manera particular se interiorizan con nuestro trabajo. Además, tenemos mucha vinculación con comunidades originarias. Actualmente, trabajamos con 12 comunidades, promoviendo procesos que empoderen a las familias en su propio contexto y territorio. Por último, tenemos un área de investigación aplicada.

¿Cómo es la inserción laboral de los egresados?
Nuestro Instituto cuenta con un universo de 470 egresados y una inserción laboral que asciende en torno al 90 % y una particularidad: el 80% está vinculado al ámbito rural. O trabajando en las EFA o otras Escuelas Agrotécnicas, Bachilleratos con Orientación Agropecuaria; o Instituciones como el INTA, la Secretaría de Agricultura Familiar; ONG vinculadas al desarrollo rural o ambiental. O también egresados que han creado su propio emprendimiento. La mayoría trabaja en Misiones, pero también tenemos chicos en Corrientes, Chaco, La Rioja, Río Negro y Tierra del Fuego. A nuestro instituto llegan chicos de los parajes más alejados, recónditos, muchas veces inimaginables. Actualmente provienen de 32 Municipios y aproximadamente 63 localidades, parajes, Colonias o Comunidades periurbanas y/o urbanas de Misiones y este año particular de Corrientes.