Pocas entidades tienen en los pueblos del interior tanto sentido de pertenencia como las cooperativas. Distribuido a lo largo y ancho del país, el movimiento cooperativo muestra en la Argentina un rasgo distintivo y único en el mundo: una serie de empresas que brindan servicios, producen, generan riqueza y tienen el foco en el mejoramiento local. Una muestra concreta de que otra forma de organización económica (eficiente y solidaria) es posible, según explica a Somos Arraigo Edgardo Form, presidente del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos y vicepresidente de la Confederación Cooperativa de la República Argentina.

Form no tiene dudas de que las cooperativas son una “vía” para construir un nuevo paradigma económico post pandemia; un paradigma que contemple tanto la “ayuda mutua” como la “iniciativa personal”, pero cuya finalidad no es la acumulación per se, sino el mejoramiento del servicio que brinda la empresa, dejando de lado la avaricia especulativa extendida mundialmente. Por caso, la crisis derivada del coronavirus ha dejado expuesta, una vez más, la enorme desigualdad que reina en un mundo, donde una pequeñísima parte de la población (43 multimillonarios) poseen más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad.

“Las cooperativas han demostrado que tienen capacidad para organizar y prestar servicios y generar riquezas, pero también para distribuirla entre socios y comunidad a través de distintas prestaciones y con obras concretas que mejoran la calidad de vida comunitaria”, dice Form.

¿Cómo impactó la pandemia a las cooperativas?
La pandemia impactó fuertemente a nivel mundial, sobre todo en la actividad económica. El sector cooperativo no fue la excepción. En la Argentina, las cooperativas agrupan a 18 millones de personas. A diferencia de otros países, en el nuestro la característica es que el sector abarca a prácticamente la totalidad de las actividades económicas, a través por ejemplo de los servicios de electricidad, telefonía fija y celular, de vivienda, crédito, consumo, educación y trabajo, que abarcan un amplio abanico, entre ellas, las cooperativas especializadas en cuidado de personas, que es un sector que se ha incrementado porque es una fuente de trabajo digno y porque van al encuentro de una necesidad que el sector privado-lucrativo no resuelve. El rasgo distintivo de las cooperativas es que su finalidad no es el lucro, sino la prestación del servicio. Frente a esta adversidad tremenda, el esfuerzo se ha tenido que multiplicar para lograr el mantenimiento de las fuentes de trabajo y los ingresos indispensables para sostener la vida de los trabajadores cooperativistas. Según la OIT, se perdieron más de 40 millones de puestos de trabajos y seguramente ese número es mucho mayor. El compromiso del movimiento cooperativista es aportar experiencia a través de las formas solidarias y asociativas para reconstituir fuentes de trabajo decentes.

El cooperativismo no es una forma novedosa para el sistema económico, pero ante la crisis por la pandemia su sistema se ofrece como una alternativa para la recuperación económica y la distribución de los beneficios sociales.
Sin duda, el cooperativismo ha adquirido un relieve muy importante. En el año 2012, las Naciones Unidas y la Alianza Cooperativa Internacional establecieron ese año como el de las cooperativas, bajo el lema “las empresas cooperativas ayudan a construir un mundo mejor”. Fue un reconocimiento en la configuración de un paradigma de generación de trabajo, de generación de riqueza en beneficio tanto de los asociados como de la comunidad en su conjunto. Esto sucede en un mundo en el que se ha incrementado la desigualdad, donde un pequeño grupo de personas concentra la riqueza que percibe en un año más de la mitad de la población mundial. Las 10 personas más ricas podrían pagar la vacunación de todo el mundo, a tal punto llega la concentración de la riqueza. Esto es motivo de preocupación, no sólo de investigadores y analistas, sino también del Papa Francisco, que impulsa un cambio de paradigma a través de la encíclica Fratelli Tutti, que hace referencia a este tema tan acuciante. Ese cambio requiere un rol activo de todo el vasto movimiento cooperativo, que agrupa a 1200 millones de personas alrededor del mundo.

Es interesante el planteo del movimiento cooperativo, no sólo desde lo teórico, sino que tiene ejemplos de empresas que funcionan y son eficientes.
Es un modelo que funciona eficientemente. Un organismo que trabaja con la Alianza Cooperativa Internacional hace todos los años un relevamiento de las cooperativas más grandes del mundo, que son unas 300, algunas de ellas son empresas cooperativas de nuestro país: el Banco CrediCoop, la Cooperativa de Consumo La Obrera -que cumplió 100 años- y SanCor Seguros, con 75 años de historia. La sumatoria en un balance económico consolidado de esas 300 grandes cooperativas del mundo es equivalente casi-casi al Producto Bruto Interno de la sexta potencia mundial. Con esto decimos que las cooperativas demuestran que este tipo de entidades no son ambulancias para recoger a los que el sistema deja al costado del camino y de la historia, sino para dar soluciones oportunas, duraderas y eficaces.

¿Son un modelo de desarrollo?
Sí, han demostrado que tienen capacidad para organizar y prestar servicios y generar riquezas, pero también para distribuirla entre socios y comunidad a través de distintas prestaciones y con obras concretas que mejoran la calidad de vida comunitaria.

De alguna forma, las cooperativas recogen lo mejor de los dos sistemas eternamente en puja (iniciativa privada-Estado). Es como un equilibrio entre la iniciativa individual, el trabajo colectivo y un coto a la acumulación indiscriminada de riqueza.
Sin lugar a dudas. En esta crisis sanitaria comprobamos que nadie se salva solo. Hay que multiplicar la solidaridad, la acción colectiva y de todo lo que nos rodea. En eso, el cooperativismo, desde el inicio histórico que se estableció en 1844 con los pioneros de Rochdale, en Gran Bretaña, enseña que es posible encontrar soluciones con la ayuda mutua y el esfuerzo propio. Soluciones que son eficaces y oportunas. Las cooperativas son hijas de las necesidades y madres de las soluciones, como ha dicho un dirigente del sector.

¿El futuro es cooperativo?
No caben dudas que en la búsqueda de un modelo económico y social que termine con la desigualdad, que no sólo ponga el acento en la generación de riqueza, sino en la distribución equitativa, el modelo cooperativo es uno de los caminos, una vía para construir ese otro mundo posible y necesario.

En muchas de las historias que contamos del interior, todo el tiempo surge la vinculación estrecha de las comunidades con sus cooperativas. Hablamos de lugares recónditos de la patria.
Es un dato distintivo de nuestro movimiento cooperativo, que tiene una historia de 150 años. Cooperativas y mutuales conforman ese gran sector de la economía solidaria. Las cooperativas de servicios públicos garantizan en muchos pueblos del interior profundo los servicios de luz, agua, telefonía, cloacas, atención médica, seguros diversos y acceso al consumo. Hay cooperativas ejemplares, como la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa, en La Pampa, que está por cumplir 100 años y que además del servicio eléctrico también provee una cantidad enorme de servicios en forma solidaria. La Obrera tiene casi 2 millones de asociados, arrancó modestamente impulsada por un grupo de trabajadores ferroviarios para proveerse de pan… hoy en día es un ejemplo de defensa de los consumidores. En el Tigre hay una cooperativa que se encarga del reciclado de residuos sólidos domiciliarios, que es un ejemplo de trabajo mancomunado y que ha mejorado la calidad de vida de los recicladores y les permite tener un ingreso para que las familias vivan mejor.

¿Qué rol podrían tener las cooperativas para pensar el repoblamiento del país?
Si el objetivo es repoblar zonas que están escasamente pobladas en el extenso territorio de la Argentina, me parece que tiene que haber una articulación virtuosa entre el movimiento cooperativo y el Estado en todos sus niveles. Esto requiere de políticas públicas, polos de desarrollo para la producción local, la agricultura familiar, la construcción de viviendas. Desde la Confederación Cooperativa de la República Argentina se está impulsando la red nacional de municipios cooperativos, una articulación entre los gobiernos locales y las cooperativas para promover el compre-cooperativo y la formación de cooperativas. Para que la gente se instale en un lugar necesita tener una serie de servicios básicos esenciales: electricidad, agua corriente, cloacas, vivienda, educación, oportunidades de trabajo. Hay que garantizar todo eso y es necesario tener una articulación virtuosa. Ya hay una cantidad importante de municipios que se adhirieron a la red. Y desde el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) se impulsó la creación de espacios de articulación de los distintos sectores, unos tres mil actores diversos, para potenciar el trabajo mancomunado en función del desarrollo local. Es un proceso que lleva tiempo, pero hablamos de una verdadera red que va a contribuir para que en la pos pandemia se pueda salir en mejores condiciones y a mayor velocidad.