Liliana Guzmán creó Las Madreselvas hace 15 años, luego de atravesar un divorcio y una mudanza. Vivía en San Javier, Córdoba, y se trasladó a Merlo, San Luis. Si bien había trabajado diversos objetos a lo largo de su vida, la cestería era lo que más le atraía. Fue entonces cuando una amiga la introdujo en la urdimbre de la madreselva. Y su mundo, de repente, se amplió. Lo que había empezado como un juego, a base de experimentar, se convirtió en una pasión. Liliana creó la marca, empezó a crecer y apostó por los coladores de té, en un momento en el que el inacabable universo del té comenzaba a abrirse paso entre los consumidores. La única referencia era la reconocida especialista Inés Berton, quien rápidamente detectó a Las Madreselvas y se convirtió en su primera clienta.

“Después incorporamos otros objetos, coladores y accesorios para la cocina, lámparas… se creó un mundo a partir de Las Madreselvas. Hace cinco años también comencé a hacer esculturas, instalaciones, muestras en distintos lugares, entre ellos en el Museo Iberoamericano de artesanías, en Córdoba. Estuve muy abocada a la investigación, fui becada por el Fondo Nacional de las Artes para investigar las fibras vegetales de este valle, en especial las fibras posibles de urdir. También fui becada para ir a España para tomar clases con un maestro cestero muy destacado, con mucho conocimiento, Carlos Fontalez Ortíz”, cuenta Liliana.

Siempre inquieta y ávida de nuevas experiencias, Liliana emprendió un viaje de investigación. El recorrido la depositó en Ecuador, donde las ideas se alinearon y comenzó a urdir otro sueño: “Me di cuenta a partir de mi experiencia con los tejidos a partir de fibras vegetales, estaba todo ahí. Entonces nació un emprendimiento, que todavía está en elaboración, de triple impacto para generar recursos sostenibles, a partir de la producción de cactus, agaves, paja y yuca, totora, caña, formio, madreselva. Todas con capacidad de regenerar suelos, con altos rendimientos y sustentables para producir alimentos, fibras vegetales, materia prima para papel, artesanía y bioconstrucción. Es un mercado con gran potencial”.

“Todo puede renacer para ser artífices de nuestro propio destino”, dice Liliana. Y ella es la prueba.