En ocho hectáreas, Gisela Villarroel Beltramini y Esteban Santipolio plantaron olivos y decidieron producir sin pesticidas ni agroquímicos. Finca Tutuna es un emprendimiento familiar, ubicado en Pocito, al sur de la provincia de San Juan. Se dedican a producir tres aceites varietales, aceitunas negras y fitocosmética derivada del oliva. Para la línea de cosmética, fabrican shampoos, cremas, ungüentos, jabones, más de treinta productos naturales.

Desde que comenzaron persiguen el mismo objetivo: producir alimentos saludables, cuidar, regenerar la tierra y mantener un círculo virtuoso con el medio ambiente. “Hemos aprendido que la decisión de cambiar es el primer paso, que la transición es el camino y que puede dar más o menos, pero que hay que aceptarlo como un proceso y que finalmente nunca termina”, dicen.

Gisela y Esteban cuentan que el cambio de vida comenzó hace ocho años cuando decidieron trabajar en la finca y generar actividades que les permitieran vivir de ella.

“Además queríamos sentirnos bien con la producción que allí se generaba. Para eso cambiamos la forma de producir, dejamos de usar agroquímicos y entramos en una transición que nos llevó 5 años. Fue clave encontrar una salida comercial y nos integramos a la feria ProHuerta INTA de frecuencia semanal, y compramos mediante un crédito promocional un molino para elaborar aceite de oliva”, cuentan.

Ellos se propusieron agregarle valor a la producción. Entonces incursionaron en el universo de la fitocosmética y usaron como materia prima al oliva extra virgen.

“A partir de tener nuestro Aceite de Oliva (AO), que hoy es virgen extra (VE), Varietal (V), Agroecológico (AE), nos pusimos a agregar valor y registramos una marca para el rubro aceites, para aceitunas y para fitocosmética en base oliva, es decir cremas, ungüentos, shampoo, jabones, acompañados de plantas espontáneas que cultivamos nosotros o recolectamos del cerro. Hoy tenemos más de 30 productos diferentes, cuyo eje común es el Aovevae Tutuna. Tenemos treinta años de experiencia en la elaboración de fitocosmética en base a aceite de oliva extra virgen, utilizando siempre productos de origen vegetal sin agrotóxicos y aceites esenciales naturales para su producción”, explican.

 

El 20% de la aceituna ingresada a la máquina se convertirá en aceite de oliva y el 80% será orujo. Ese desecho lo llevan al campo y allí comienza el círculo virtuoso de la producción regenerativa de la Finca Tutuna. Durante un año compostan el orujo de la molienda de aceitunas y se lo devuelven a los olivos en forma de abono. A los olivares los riegan por goteo y para eso utilizan energía solar. Todos los años producen ocho mil litros de aceite que se comercializan, sobre todo, en ferias agroecológicas.

“Así resolvemos un pasivo ambiental. Además hacemos un té de compost y abonamos nuestras plantas, tenemos equipo de riego por goteo, reservorio de agua para almacenar el turnado y utilizar más efectivamente el agua de riego que para nuestra agricultura de oasis (92mm de lluvia por año) es clave, y para cerrar el círculo estamos instalando paneles solares para presurizar el sistema de riego por goteo y un laboratorio para la fitocosmética construido en Bioconstrucción” dicen Gisela y Esteban.

Además, en la finca realizan turismo rural. Tienen una cabaña para alojar visitas temporales, turistas, familiares, amigos o voluntarios: “Así creemos que cerraremos un gran primer círculo para seguir tejiendo otros que vengan. La experiencia nuestra la estamos volcando a papel a través de dos tesis de grado en la Facultad de Agronomía de la UNSJ. Hemos realizado un video para difundir lo que hacemos, que pueda ser apoyo, inspiración o simplemente un buen lugar donde hacer una visita”.