El proceso de urbanización que padece el mundo se vio interrumpido, apenas circunstancialmente, por la pandemia por Covid-19. Sin embargo, pasado el 2020, los problemas estructurales que atraviesan los territorios siguen empujando a la migración forzada a millones de personas, que se ven obligadas a buscar el sustento, servicios y oportunidades en grandes urbes. En Chile, la situación es particularmente compleja, según explica a Somos Arraigo Gonzalo Viel Luarte, director ejecutivo de la Fundación Huella Local, una ONG que trabaja en la articulación público-privada para el desarrollo de proyectos de infraestructura en los municipios chilenos.

“En Chile tenemos una desigualdad que frena las posibilidades de desarrollo. Si lo llevamos al ámbito territorial, eso se expresa más fuertemente. Hay una concentración de personas en una parte del territorio, en ciertas zonas de desarrollo, y otras que están más rezagadas. Tenemos regiones que no están aisladas, pero sí rezagadas del desarrollo porque, por ejemplo, tienen más población rural”, señala.

-¿Cuál es el rol del Estado en ese sentido?
-El Estado replica institucionalmente esa desigualdad. Tenemos una institucionalidad que no resguarda el desarrollo equitativo entre los municipios. Tenemos un ámbito nacional, un ámbito regional gobernado por un delegado del Estado central (en abril vamos a elegir gobernadores por primera vez en 200 años), y un ámbito local. Ahí las asimetrías son brutales. Hay municipios en Chile que administran unos 2 mil dólares per cápita anuales y otros 200 dólares per cápita. Es absolutamente inequitativo, no alcanza para las necesidades del territorio. Por lo tanto, hay despoblamiento, falta de oportunidades de desarrollo local. Además, tenemos una lógica de desarrollo que, de alguna manera, incentiva la acumulación: se instala cualquier infraestructura, por ejemplo un hospital, privilegiando la masa de personas atendidas más que una visión de derecho. Chile tiene un sistema nacional de inversiones que efectivamente evalúa por rentabilidad del proyecto, y la rentabilidad mira siempre la acumulación. Esta estructura institucional hace que la desigualdad se siga replicando y profundizando.

-¿Cómo trabajan esta cuestión desde Huella Local?
-Nosotros identificamos esas asimetrías, pero además advertimos que el Estado nacional condiciona gran parte de la transferencia de recursos a los territorios a fondos concursables, cuyos proyectos los tienen que desarrollar unidades técnicas que no están dotadas de la capacidad necesaria para presentarlos. Nosotros detectamos esa anomalía y convocamos al sector privado para, a través de la fundación Huella Local, desarrollar estos proyectos junto a los municipios que, sin esta alianza, no podrían hacerlo. Es una iniciativa tripartita: el Estado, los privados y nosotros, haciendo parte a la comunidad en la selección de los proyectos de arquitectura e ingeniería. De esta manera, hacemos crecer la cartera de proyectos presentados por los municipios para su financiamiento. Entonces, se bajan recursos a los territorios para ejecutar infraestructura de calidad en las zonas donde estamos trabajando.

-¿Se da en Chile un proceso de migración interna hacia las grandes ciudades?
-Efectivamente hay despoblamiento en las zonas rurales del país. La gente comienza a migrar por falta de oportunidades. No sólo por todo lo que describí anteriormente, sino también porque las actividades económicas de esas zonas carecen de prestigio. Un pescador le dice a su hijo que no sea pescador. Un tejedor, le dice a su hijo: no seas tejedor. Las actividades rurales en Chile no han sido valorizadas. De alguna manera, el Estado ha incentivado una lógica de acumulación, mermando la posibilidad de poner en valor actividades tradicionales en nuestras zonas rurales. No hablamos sólo del campo, sino de la pesca, el turismo, el patrimonio tangible-intangible. Nosotros hicimos un relevamiento nacional de información comunal, el año pasado, asociado a la pandemia. Preguntamos cuáles eran los principales problemas de los 345 municipios de Chile, el 78% contestó, lo cual representa al 80% de la población. Cuando les preguntamos cuáles eran sus principales problemas de infraestructura, cerca del 60% dijo que era el agua potable, seguido de la pavimentación de calles y el alcantarillado. Estamos hablando de problemas bastante estructurales para el desarrollo de la vida de las personas. ¿Qué actividad económica puedes desarrollar si no tienes agua potable o si el tratamiento del agua no es el adecuado? Estas cifras revelan otra cosa. Chile tiene una cobertura sanitaria casi del primer mundo, la región metropolitana, donde está Santiago, tiene un 99% de cobertura de agua potable, 97% de alcantarillado. En esta región está el 50% de la población. Es decir, la cobertura en términos generales para Chile suena muy bien, pero al mismo tiempo el 60% de los municipios manifiestan tener problemas con el agua potable.

-Así funciona la desigualdad.
-Exactamente. Nosotros creemos que los municipios deben desarrollarse plenamente, con autonomía. Y creemos que esa autonomía está atada a la administración de recursos, promoviendo el desarrollo de los territorios de manera descentralizada. Convocamos a esta alianza también para que el mundo privado entienda la problemática. Chile es un país con un pasado reciente muy traumático, muy ideologizado. El Estado y el sector privado aparecen como antagónicos, no hay grandes posibilidades de alianza. Por eso, nosotros a través de este modelo hemos logrado esa necesaria convergencia de lo público-privado para el desarrollo local. El impacto es bien grande. Tenemos una cartera de 126 proyectos, entre los que están desarrollo y los ejecutados, 13 millones de dólares de inversión pública, un dinero que probablemente no hubiera llegado de otra forma.

-¿De qué tipo de proyectos hablamos?
-De todo: agua potable, pavimento, senderos, paradores turísticos, albergues, grúas, máquinas retroexcavadoras. Lo que necesite el territorio, nosotros somos capaces de gestionarlo. Acá, y me arriesgo a decir que en gran parte de Latinoamérica, más que presupuesto, faltan proyectos. Los alcaldes en Chile viajan a Santiago, a la subsecretaría de desarrollo regional, y piden una escuelita. “Tráigame el proyecto”, le contestan. Pero no lo pueden hacer, no tienen las capacidades técnicas. No se lo niegan, le dejan la pelota en su cancha, porque saben que no lo van a poder desarrollar. Entonces los alcaldes van a tener más fuerza para esa negociación política por el financiamiento en la medida en que sean capaces de presentar proyectos admisibles técnicamente.

-¿En qué instancia está el debate público sobre esta cuestión? ¿Es algo de lo que se habla en la política?
-En Chile estamos viviendo un proceso constituyente, vamos a tener una nueva Constitución y el tema de la descentralización tiene mucho que ver. La descentralización tiene tres aspectos: administrativo, fiscal y político. Nosotros recién, en el aspecto político, vamos a tener gobernadores regionales electos en abril. La descentralización es un tema relevante para la convención constituyente que está por asumir, en dos meses. Además en Chile tenemos una asociación nacional de municipios, que aglutina al 95%, que han logrado formar una fuerza política. Es importante. Fueron los primeros en hacer una propuesta de consulta ciudadana para reformar la Constitución. Los alcaldes estuvieron a la vanguardia de la discusión política, tienen mejor valoración ciudadana porque además son más cercanos a los problemas de la gente. En Chile el Congreso está muy desprestigiado.

-Los gobiernos locales tienen otra cercanía, además son clave para impulsar el desarrollo local.
-Aquí el problema es que los gobiernos locales no generan políticas públicas, no tienen presupuesto, son apenas administraciones. Eso es lo que está en discusión. La confianza de los ciudadanos está en la convención constituyente, con la expectativa de que se logren cambios en el territorio. Tengo la confianza de que hay un diagnóstico muy claro de la desigualdad territorial y de la necesidad de fortalecer al desarrollo regional. Algo mejor va a salir de ahí.

-¿Te imaginás un futuro mejor?
-Sin duda.

-¿Por qué es importante el desarrollo local?
-Te voy a responder con una crítica sobre el modelo centralista que hay en Chile. Tenemos políticas públicas sin pertinencia en los territorios. Una desconfianza que no permite el desarrollo de élites políticas en los territorios, todo se decide en un nivel central, entonces se coarta el desarrollo local. Por lo tanto, una gestión desconcentrada, descentralizada, con la posibilidad de generar políticas públicas en los niveles locales y regionales, acompañada por financiamiento como corresponde, es todo lo que no hemos vivido en estos tiempos. Si bien se requiere que esto vaya acompañado por un seguimiento de gestión, transparencia y rendición de cuentas, porque el riesgo es que el dinero se diluya entre caudillos locales, tenemos que dar un giro al sistema que tenemos hoy en día. Esto nos pondría en un escenario mejor.