Huarachas, una fábrica artesanal de calzado en San Antonio de Areco

En una casa de mediados de los año 50 (piedra y tejas, aberturas de cedro), pleno corazón de San Antonio de Areco hay una fábrica artesanal de zapatos. Las habitaciones reconvertidas en distintas partes del taller, donde se desparraman moldes, retazos de tela y suelas, cueros, pegamento, herramientas, máquinas de coser, todo lo indispensable para darle vida a Huarachas la marca que Anabela Sabatini y Enzo Pelusso crearon para condensar todas sus pasiones: el diseño y la producción propia, una búsqueda centrada en continuar un oficio milenario: la fabricación de calzado.

Ellos hacen todo: mate de por medio dibujan los bocetos en papel, fusionan materiales para que los diseños sean exclusivos, están en todos los detalles para que sus zapatos sean cómodos y a un precio popular. Antes de ponerlos a la venta, Anabela se encarga de caminarlos durante un mes. “Los zapatos llevan nuestro cuerpo. Por eso creemos que la comodidad y la durabilidad del calzado son fundamentales”, dice. Ella es diseñadora industrial, Enzo es artista plástico, y se dividen las tareas para cumplir con los pedidos que les llegan desde todo el país.

La historia de Huarachas se encaminó en 2013, cuando ganaron un concurso de emprendedores del ministerio de Producción, pero se afianzaría algunos años después con el crecimiento de las ventas por Internet, a través de las redFes sociales. Eso les permitió planificar una huida de la gran ciudad, con lo que buscan, además, adoptar otro ritmo de vida. «Elegimos San Antonio de Areco porque tiene una gran cantidad de turismo, es un pueblo tranquilo, con un bello río, con la naturaleza ahí nomás, con mucha movida de artesanos y además, está cerca de Buenos Aires, donde compramos todos los insumos», explica Enzo. Y agrega que el próximo paso de Huarachas, que ya está en pleno desarrollo, es lograr un producto que imbrique la artesanía arequera, sobre todo en tejidos, telares y platería, con los zapatos que ellos diseñan. “Queremos que haya una síntesis entre ambas historias”, se entusiasman.

Tener una fábrica de zapatos es, para ellos, mucho más que un medio de vida. Su hogar está absolutamente atravesado por lo hacen y lo que hacen, repite, Anabela, es lo que son: «Huarachas es todo para nosotros, es nuestra forma de ser y hacer en el mundo». Así, de alguna manera, ofrecen una resistencia a la producción en masa, a la robotización y despersonalización de la industria textil y del calzado, que busca reemplazar el trabajo artesanal por las máquinas automáticas. “Lo que hacemos lleva nuestro sello, todo el amor”, dicen. “No es lo mismo comprar algo que sabés de dónde viene, quién lo hizo, cómo lo hizo, que no lo sepas, apuntamos a eso”, agregan.

Anabela también tiene un sueño, que suena aún más ambicioso: tener una fábrica más grande de producción artesanal de zapatos, en un galpón. Achina los ojos, levanta las manos y la dibuja en el aire. “Acá una línea de máquinas de coser, allá las mesas de corte, un galpón en movimiento con gente trabajando, dar mucho trabajo”, dice con una sonrisa.

Mientras tanto, el ambiente que da a la calle Don Segundo Sombra, se convirtió en un show room colorido y acogedor, en lo que supo ser el living de la casa, hasta con una hoguera y chimenea. Allí se despliega la oferta de Huarachas (cuyo nombre es un juego entre el calzado típico mexicano y el ritmo musical, la guaracha): ballerinas, botines, borcegos y alpargatas. Todos productos con el sello indeleble y colorido de una marca cuyo slogan es “desde San Antonio de Areco hacia toda la Argentina”.

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