Cuando era niño, Juan Pablo Ibáñez tenía un juego para hacer experimentos. No seguía los pasos químicos que proponía el manual, él prefería mezclar y hacer sus propias recetas. Como si fuese un científico, combinaba líquidos en los tubos de ensayo y obtenía colores extraordinarios. Treinta años después, de casualidad, se enteró que estaba abierta la inscripción a “La Cerveza de mi país”, un concurso latinoamericano organizado por Capacitaciones “El Molino” y que proponía a los participantes diseñar la mejor receta que identificara las costumbres, la idiosincrasia y las características típicas de cada país. Cuando leyó las bases del concurso, no dudó en presentarse. Agarró su computadora y comenzó a diseñar la receta.

Como cuando era niño y mezclaba ingredientes, así fue pensando los componentes de la cerveza artesanal argentina. “Pensé en los sabores que nos representan como argentinos. Busqué ingredientes que cruzaran al país. Yo vivo en Junín, a 200 metros de la ruta 7, tiene la particularidad que atraviesa por la mitad al país, va desde Buenos Aires hasta Mendoza. El primer ingrediente que pensé fue la uva malbec, porque representa a la bebida nacional, que es el vino. Luego cebada y trigo que representan a Santa Fe y la provincia de Buenos Aires, y algunas hierbas de Córdoba y San Luis, como el tomillo. Luego, elegí una levadura belga llamada saisón”, dice Juan Pablo, quien desde 2012 produce cerveza artesanal y tiene su propia marca: Dinant.

Juan Pablo compitió con 400 participantes de toda latinoamérica. El día en que se enteró que su receta, inspirada en la ruta 7 y que lleva el nombre de Carretera Libertadora, había ganado el concurso estaba junto a su novia. “¡Mirá, gané!”, le dijo emocionado. Luego, celebraron en familia. Ahora sueña con poder materializar la receta y que sea de libre acceso, así otros cerveceros tengan a mano los ingredientes y la composición para poder fabricarla.

Juan Pablo nació en la Ciudad de Buenos Aires, pero por temas laborales de sus padres, antes de cumplir un año toda la familia Ibañez se mudó a Junín. Como la mayoría de los adolescentes del interior de la provincia de Buenos Aires, cuando terminó la secundaría abandonó su ciudad para estudiar en la universidad. Juan Pablo, se mudó a Capital y se anotó en Psicología. Se recibió pero nunca ejerció. En su paso por Buenos Aires, hizo un curso para fabricar cerveza artesanal. “En 2008 comencé a enamorarme de la cerveza artesanal. En ese momento no había tanta información sobre el tema. No era tan popular como ahora. Me enteré que se dictaba un curso de elaboración de cerveza artesanal en una fábrica en el barrio de Chacarita, me anoté y arranqué a fabricar birra en mi departamento”, dice.

Los comienzos fueron un tanto caóticos: él vivía con 3 de sus hermanos en un departamento en Palermo y usaba el lavadero para hacer sus experimentos birreros. Cuando tenía que embotellar la cocina estaba repleta de envases. Allí las lavaba, las desinfectaba y las rellenaba con sus preparados. “Para mí, fueron momentos muy divertidos. La primera tirada recuerdo que fue bastante rica pero le erré en un proceso químico y salió bastante alcohólica. Hay gente que se acuerda de las primeras cervezas. Después estudié Diseño Industrial en la Universidad Nacional del Noroeste, esa carrera me identifica más que psicología”, cuenta.
En 2012, cuando volvió a Junín, decidió dedicarse de lleno a la producción de cerveza. Por esos años aún no estaba instalada la moda de las cervecerías artesanales. Juan Pablo comenzó a cocinar en la casa de su mamá, Cecilia. “Mi mamá le puso mucha onda, me ayudaba a lavar botellas, me acompañó en todo el proceso. Hasta le armé una cámara de frío en el garaje de su casa”, dice.

De la casa de su mamá se mudó a una quinta y ahí armó la fábrica de su cerveza, Dinant. El gran salto fue en 2016 cuando abrió La Birrería, un bar dedicado a la cerveza artesanal. Un año después, se especializó aún más en la fabricación y viajó a España para estudiar en la Universidad Nacional de Alicante, allí hizo un curso: “Me considero un cervecero -dice-. Cuando cocinamos son jornadas muy largas pero me encanta, disfruto del contacto con la materia prima. Me levanto y antes de desayunar voy a fijarme si los procesos de fermentación comenzaron. Para poder hacer la receta tengo que esperar hasta la vendimia. Me encantaría poder trabajar con alguna bodega mendocina y así desarrollar la cerveza Carretera Libertadora”.