Carlos soñaba con cambiar el rumbo de la zinguería y lo está haciendo

“Disculpame, ¿puedo atender al tero?”, pregunta Carlos Adrián Ruiz, apoyado en la puerta del galpón de Canaltech, la primera empresa que plantó bandera en el Parque Industrial de San Antonio de Areco. El “tero” es el ringtone de su celular, que acá se complementa con el paisaje bonaerense que se abre hasta el horizonte, donde –a esta hora del día- se mezclan los tonos violáceos y naranjas de un atardecer que ya empieza a darle espacio a la noche. Carlos atiende el teléfono y ultima detalles de un nuevo pedido que encarará con “La Bestia”, la primera máquina nacional que construye canaletas sin uniones soldadas. “La Bestia” nació en sus sueños de zinguero comprometido y terminó con una patente productiva otorgada por el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial.

Antes de que el sueño se convirtiera en realidad, Carlos tuvo una vida atravesada por los vaivenes del país. Aprendió el oficio de zinguería en la década del 90, se quedó sin trabajo en la crisis del 2001, juntó cartones y botellas para sobrevivir y aguantarse las ganas de huir. Dice que el pago, su pago, San Antonio de Areco, le tiraba más que cualquier otro lugar. Todavía no se imaginaba que la realidad le daría otra oportunidad.

En el año 2013, Carlos estaba soldando unas canaletas en su taller cuando escuchó en la radio que el municipio estaba facilitando subsidios productivos financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Había retomado el oficio empujado por la demanda que crecía de la mano de la recuperación económica. “Siempre había querido hacer algo que mejorara el oficio”, asegura. “Entonces digo: ‘Voy a hacer una canaleta que no tenga uniones’. Es un problema habitual en la zinguería, porque si no soldás bien, el agua pasa. Y siempre cae en la cama, jaja. Y la única forma que una canaleta no se llueva, es que no tenga uniones”.

Sintió que había encontrado una veta. Enseguida el impulso lo llevó a hacer una pequeña investigación, para ver si había en el exterior alguna máquina que hiciera las canaletas que él se imaginaba. Encontró algunos modelos de Estados Unidos y Europa, consultó los precios y eran muy caras. “Entonces me fui al municipio con la idea. Me pidieron un proyecto de inversión, armar una carpeta para ver si me lo podían otorgar. Le mandé un mensaje a Mariano Pinedo, que era secretario de Desarrollo, y me dijo ‘dale para adelante, presentalo’. Al poco tiempo, me lo dieron”, recuerda Carlos.

Cuando tuvo el sí entre las manos, se asustó. Sabía que iba a tener que cumplir una serie de pautas, y cuando comprendió que no era posible (por los montos) importar la maquinaria, pensó en abandonar el proyecto. “Me bajoneé y me fui a la municipalidad para decirles que no lo iba a agarrar, pero ellos me dijeron ‘buscate un tornero y ármenla ustedes’”.

Entonces surgió un problema inesperado: todos los torneros lo sacaban carpiendo, acusándolo de loco. Hasta que dio con Cristian Esnaola, también oriundo de Areco, pero con un taller en San Andrés de Giles. “Me dijo: ‘vos estás loco, pero yo estoy más loco que vos, así que hagámoslo’”, recuerda Carlos entre risas, sobre aquel momento iniciático, el sí de un compañero de aventuras que le cambiaría la vida.

Arrancaron. Todos los sábados, a las ocho de la mañana, Carlos se iba hasta Giles con mate y bizcochos. Así durante dos años. Empezaron de a poco, hacían una pieza, la presentaban y analizaban. Hasta que un día llegó la hora de la prueba. Tenían el primer prototipo armado, con motor eléctrico. Y, por supuesto, no anduvo. La desazón fue grande, pero no les impidió seguir intentándolo. “Soñaba con la máquina, soñaba que doblaba la chapa y me quedaba anonadado. A mí señora la enloquecí”, cuenta Carlos.

A la máquina, creían sus inventores, le faltaban unas dos piezas con cierta inclinación. Cuando Cristian lo llamó para avisarle que ya estaba listo el nuevo prototipo, Carlos estaba tan convencido de que iba a andar que convocó a un amigo camarógrafo para registrar el momento. “Tenía la corazonada, viste… y cuando la máquina dobló bien la chapa, nos abrazamos con el tornero, no lo podíamos creer, fue como ver un nacimiento”, describe. El video puede verse en YouTube. La cara de felicidad de ambos es indescriptible.

El prototipo fue bautizado como La Bestia. ¿Por qué? “Porque es una bestia, capaz de producir 20 metros de canaleta sin uniones en siete minutos, cuando un zinguero tradicional quizá está todo el día para armar una canaleta de 10 metros”, explica. Con unos ajustes y permanentes innovaciones en algunas de sus piezas, La Bestia fue patentada por el INPI y, si bien existen otras máquinas similares en el mundo, el modelo argentino inventado por Carlos y Cristian está completamente adaptado a los usos y costumbres locales. Pesa 340 kilos, es transportable, tiene un motor monofásico y sólo se necesita una llave Allen para ponerla en marcha. “Si hubiésemos podido importar la máquina de afuera, no hubiera funcionado. Incluso por el tipo de chapa. Si usás una máquina americana para doblar una chapa argentina, quizá podés llegar a romperla”, advierte Carlos.

Con el invento consumado, nació la empresa Canaltech, enfocada en la innovación en zinguería. El estímulo no terminó con las canaletas. Ahora, mientras lidian (otra vez) con los vaivenes económicos, la obsesión inventiva está enfocada en lograr la construcción de caños sin uniones y el mejoramiento de otras piezas de uso básico de los zingueros.
Claro que hubo momentos en los que podrían haber bajado los brazos. Carlos dice que hay que enfocarse en ese momento, ese minuto, instante, en el que “podés pensar en lo que querés, en si vale la pena”. Y aunque él cree que no hay que esperar tanto del lugar en el que se vive, sino más bien enfocarse en lo que uno tiene para dar, también destaca que “sin la ayuda del municipio, sin Cristian, sin terapia, nada se hubiera podido hacer, todo es necesario”.

“Ahora me gustaría mantener este proyecto, ver cómo encontrarle la vuelta. Nos instalamos en el parque industrial, en diciembre, somos los primeros ahí. Pero no hay tiempo para festejar, hay que seguir laburando, mientras te sube el dólar y la chapa aumenta, y las cuentas no se pagan solas. El secreto es saber que vos tenés que laburar, lo cual no quiere decir que estés trabajando 20 horas por día, pero yo me voy a dormir y sueño que estoy poniendo una canaleta”.