Juan y Pato se conocen desde el jardín de infantes: son amigos desde ese entonces. Nacieron en Mercedes, provincia de Buenos Aires y trabajan juntos en un emprendimiento familiar, La Mercedina tapas de empanadas. La pyme era un proyecto de los padres de Pato, pero la crisis del 2001 arrasó con la ilusión. Fue entonces cuando taparon las máquinas con una lona y cerraron la incipiente fábrica. Así permanecieron durante diez años. Hasta que un día, en una charla casi casual, surgió la iniciativa de revivir el emprendimiento y volver a encender la producción. “Justo los dos nos habíamos quedado sin trabajo. Pensando en cómo salir de esa situación, nos miramos y dijimos que era una picardía tener las máquinas apagadas, sumado a que en la zona no hay empresas de este tipo. Y así nos animamos y arrancamos”, dice Juan.

Mantuvieron la receta tradicional y el nombre, que se referencia en forma directa del pueblo bonaerense que eligen para vivir. Pato y Juan tienen una rutina de trabajo que respetan a rajatabla: todos los días a las siete y media, puntual, amasan 50 kilos de harina, a las once y media cortan la producción y, con el producto fresco, empiezan a repartir los pedidos. Ellos hacen todo: fabrican, empaquetan y distribuyen. Desde hace un año, las ventas comenzaron a crecer y hoy fabrican 700 docenas diarias de tapas caseras, sin conservantes.

“Tenemos varias propuestas de distribuidores grandes. Eso, sin dudas nos hará crecer. Pero debemos comprar máquinas que nos permitan aumentar la producción. Durante la pandemia se nos incrementó mucho la venta online. Nuestras tapas son muy económicas y los comentarios de los clientes son hermosos. Como las tapas son sin conservantes les avisamos a los comerciantes que no compren lo que vayan a vender porque no hacemos recambio de mercadería”, dice Juan.

Ellos valoran haber podido desarrollar su emprendimiento en su pueblo: aman vivir en Mercedes y no cambian por nada esa tranquilidad. Para ellos permanecer en contacto con sus orígenes, seguir caminando por las calles que conocen desde niños, continuar con los mismos amigos y estar cerca de sus familiares es fundamental. Crecer y seguir eligiendo a la ciudad de Mercedes como el lugar para habitar es una decisión de vida.

En la Mercedina cada uno cumple un rol y entre los dos se complementan y se acoplan para que la convivencia sea perfecta. Hace 31 años que se conocen y disfrutan trabajar a la par. “Nos llevamos bárbaro”, dicen. No solo fabrican tapas para empanadas, sino que además hacen para tarta, para empanadas de copetín, pastelitos y planean sumar tapas para lasagna.

Las tapas de La Mercedina están en todos los almacenes y rotiserías de Mercedes. Ellos fueron sus primeros clientes. Con los cambios de rutina propios del Covid, se organizaron y también empezaron a repartir en domicilios particulares. Hoy, sus productos también llegan a otros pueblos: Suipacha, San Andrés de Giles, Luján y General Rodríguez. Algo impensado hace unos años atrás cuando decidieron destapar las máquinas cubiertas de polvo y volverlas a encender para producir tapas caseras. A fuerza de trabajo La Mercedina revivió, los chicos sueñan con seguir creciendo y que su emprendimiento no tenga techo.

“Es muy hermoso el reconocimiento de la gente. Hasta ahora nunca tuvimos ni una queja de los clientes, eso para nosotros es muy importante. En alguna parte de nosotros sabíamos que podíamos crecer con esta empresa. Las ansias y el trabajo nos están ayudando. Esperamos que en un futuro podamos ampliar la fábrica. Poder ahorrar para llegar a las máquinas y tener nuestro propio local de venta al público, que es nuestro sueño”, cuenta Juan.