Cuando en 2020 se decretó la cuarentena obligatoria para frenar el avance del coronavirus, Fernando Lecina dejó de cursar de manera presencial en la Facultad de Ingeniería y regresó a Arrecifes. Lo mismo le pasó a su hermano Martín, estudiante de medicina, y a su hermana Florencia, ingeniera. Los tres vivían en Buenos Aires y luego de varios años, los Lecina se volvieron a juntar en el pueblo natal. Sin el ritmo capitalino, los hermanos empezaron a pensar qué podían hacer para aprovechar el tiempo y no aburrirse en el mientras tanto. Así, de manera extraordinaria, nació Dálmata, el primer gin artesanal hecho en Arrecifes.

En Dálmata se combinan doce botánicos entre los que se destacan: hibiscus, canela, cedrón, laurel, albahaca, cardamomo, pétalos de rosa, maracuyá, piel de limón, pimienta de jamaica, pimienta roja, pomelo y enebro. Lo que empezó como un pasatiempo, se transformó en un trabajo a tiempo completo. Y sueñan con seguir creciendo.

“Florencia y su novio Luis “Tito” Franco son fanáticos del Gin. Martín recién había vuelto de un viaje por el sudeste Asiático con ganas de experimentar. Cansado de la virtualidad se anotó en la carrera de sommelier: para practicar agarraba frasquitos de mermeladas, vertía un poco de Gin, le sumaba botánicos y anotaba los cambios en el sabor. Cuando vi ese procedimiento me imaginé que podíamos producir nuestro propio gin”, dice Fernando.

Entonces, buscaron en internet cómo fabricar un alambique. Entre los cuatro se dieron maña y armaron el primer recipiente con capacidad para destilar 10 litros de alcohol tridestilado. Empezaron a producir en la semana, combinando distintos macerados. El resultado lo probaban los sábados y domingos. Con el tiempo notaron que el gin era cada vez más rico. Antes de llegar al punto justo, hicieron 50 recetas diferentes. Hasta que un día se miraron los cuatro y se dijeron: “Esto está buenísimo”.

Luego ampliaron las pruebas a sus amigos y, casi sin querer, empezó a tomar forma Dálmata. “Cuando supimos que el juego de hacer gin se podía transformar en algo comercial empezamos a hilar muy fino para que todas las partidas salieran iguales y tuvimos que resolver muchos detalles técnicos. Habíamos logrado el resultado que queríamos pero nos faltaba la etiqueta y el nombre. Entonces contactamos a un diseñador mendocino que se dedica a hacer packaging para bebidas alcohólicas. Entre mi hermana y el diseñador se encargaron de la parte de marketing y estética. Invertimos mucha plata en hacer las etiquetas y nos tiramos a la pileta”, dice Fernando.

Anotaron en un cuaderno todos los nombres que se le venían a la cabeza. En ese entonces Fernando estaba conociendo a Maia, que tiene una perra dálmata llamada Akira, y le resultó que podía ser un buen nombre. Entonces anotó “dálmata” en la lista de posibles. En el proceso de selección, finalmente quedó aprobado. Los tres finalistas fueron: Cruz del Sur (que en la cultura indígena era la entrada al paraíso y además las cuatro puntas se asociaban a que ellos eran cuatro socios); otro era Raíces, en referencia al regreso de los tres a Arrecifes; y el último Dálmata.

El diseñador les dijo que sin dudas el nombre era ese: Dálmata. “Somos cuatro socios y una mezcla entre blancos y negros pero que en conjunto hacemos algo que para nosotros es riquísimo. En Dálmata conviven el perfeccionismo de mi hermano, la creatividad de mi hermana, la estructura de mi cuñado y mis formas comerciales y creativas”, cuenta Fernando.

Luego dividieron los roles: Martín es el maestro sommelier, es el encargado de destilar el gin; Florencia está detrás de las estrategias de marketing; Tito es el equilibrista, el encargado de que todas las áreas funcionen; y Fernando el que se encarga de las ventas. Dálmata creció a pasos agigantados: hoy venden en 25 ciudades, compraron un alambique de cobre para destilar 200 litros, dejaron el departamento de 30 metros cuadrados para mudarse a una destilería de 100 metros. Intuyen que no tienen techo: el sueño de los cuatro es seguir creciendo.

“Nos gusta hacer gin. La pasamos bien, es un hobbie con perspectiva de crecimiento. Nos da mucha satisfacción poder compartir entre hermanos. Esto no hubiera pasado si seguiamos con la vida normal, esto en Capital no hubiese pasado”, dice Fernando.