Matías Leiva estaba navegando por Facebook, cuando una publicación le llamó la atención: Bienvenidos a mi Pueblo, decía el anuncio de la Fundación ES VICIS, en el que convocaban a personas emprendedoras de zonas urbanas que buscaran re-migrar hacia comunidades rurales. Enseguida compartió la información con su pareja, María Fernanda Giardini, y ambos sintieron que se abría la posibilidad de materializar el sueño de mudarse a una pequeña localidad.

La iniciativa les calzaba tan bien que al principio dudaron de que fuera verdad. Matías, Fernanda y sus dos pequeños hijos, Julia y Patricio, vivían en un departamento alquilado en Rosario. Algunos fines de semana se iban de paseo a pueblos cercanos y fantaseaban con la posibilidad de mudarse, pero su gran traba era de qué podían trabajar. Ellos querían que sus hijos se criaran en pleno contacto con la naturaleza, al aire libre, que pudieran tener espacio para correr o andar en bicicleta en la vereda. Eso en Rosario les resultaba imposible.

El proyecto de Es Vicis contaba con el apoyo del gobierno de Santa Fe y dela Embajada Suiza; Matías vio que ofrecían capacitaciones para que las familias se establecieran con un emprendimiento propio, oficios o profesiones sustentables y comprendía una serie de incentivos para que 20 familias pudieran radicarse en Colonia Belgrano: crédito hipotecario con una tasa subsidiada, capacitaciones para mejorar las habilidades de los emprendedores y acompañamiento para facilitar la integración con la comunidad. Como parte del programa se identificaron las oportunidades de negocios que tenía el pueblo y la región, buscando desmitificar el preconcepto de que en las localidades pequeñas sólo se puede vivir del campo.

Ellos encajaban perfecto en los requisitos de Es Vicis: Matías es modelista de calzado y tienen un micro emprendimiento de confección y venta de zapatillas para niños – United baby kids – y lo fundamental era que querían lanzarse a la aventura. “Cuando leímos el anuncio vimos la posibilidad concreta de un cambio de vida, para nosotros y los chicos”, dice Fernanda.

Entonces tiraron la moneda al aire y se anotaron. De la Fundación les mandaron un mail que ni Fernanda ni Matías leyeron. Luego los llamaron por teléfono para preguntarles si querían recibir más información del programa. Eran una de las 20 familias que habían quedado seleccionadas para ser parte de Bienvenidos a mi Pueblo.

“Cuando nos entrevistaron nos dimos cuenta que era un proyecto divino, que nos ofrecía muchas herramientas para adaptarnos a la nueva vida. La transición hasta llegar al pueblo fue un proceso de enseñanza y aprendizaje. Cada 15 días viajábamos a la Colonia para familiarizarnos con el lugar. Nos ofrecían capacitaciones para trazar estrategias, para comprar materia prima y luego poder ofrecer los productos del emprendimiento. Nos decían: ‘bueno ahora tienen que buscar un cliente en la zona’. Nosotros lo buscábamos y lo conseguíamos. Eso nos dio la esperanza de que era posible. Como parte del programa, es Vicis se encarga de integrar a las ‘nuevas familias’ con las nativas”, cuenta Fernanda.

En septiembre de 2019 la familia Leiva subió sus muebles a un camión de mudanza -muy grande, recuerda Fernanda. El fletero era un vecino de Colonia Belgrano que se ofreció para mudarlos.

Al principio los nativos de la Colonia tuvieron reparos con los “nuevos que venían de la ciudad”, pero ese miedo se superó gracias a la comisión de apoyo, integrada por vecinos referentes del pueblo que se encargó de presentar una a una las nuevas familias. “Al final hubo una aceptación muy buena porque empezamos a trabajar juntos. Las familias llegadas teníamos toda la intención de aportar cosas buenas al pueblo”, dice Fernanda.

Para ella el cambio más significativo fue en la crianza de sus hijos. En Rosario estaban bastante tiempo en el departamento, sin poder salir a jugar a la plaza o a correr en la vereda. Desde que están en Colonia Belgrano, a Patricio y a Julia por las tardes los pasan a buscar los amigos que se hicieron en la escuela, que son los mismos chicos del club, con los que juegan al fútbol o salen a patinar. “Mis hijos se adaptaron y los chicos del pueblo integraron mucho a los nuevos. Para ellos fue una suerte. En la ciudad no se tiene el mismo ritmo de vida. Por lo general en las ciudades no están solos en las calles. En las grandes ciudades conectas con cosas más materiales y en pueblo con la naturaleza y con la gente. Hasta cambié los hábitos de consumo, aprendimos a separar la basura, hicimos nuestro compost, los papeles los guardo porque con eso prendo la salamandra. A mis hijos no tengo que comprarles miles de juguetes para que se entretengan, aquí juegan con cualquier cosa. Empecé a tomar más conciencia. En el pueblo te haces más solidario”, dice.

Desde que están instalados, el emprendimiento de Fernanda y Matías tuvo un crecimiento notable: comenzaron a vender al por mayor, invirtieron dinero para comprar materia prima. Ahora fabrican unos 200 pares de zapatillas por semana, mientras que en Rosario llegaban a 50. El cambio, en todo sentido, fue positivo. Ellos comparten taller con otro emprendimiento familiar. Matías corta y arma y Fernanda cose o repasa cada zapatilla United Baby Kids. Cada una está hecha con mucho amor y trabajo.

“Siento que tuvimos una suerte increíble de estar en este pueblo. Ojalá que esta posibilidad exista para más personas, de corazón es re lindo. Estoy muy agradecida. Es lo mejor que hicimos. Si alguien tiene el deseo de irse de las ciudades les diría que se preparen, que consigan algo para trabajar, se puede vivir en los pueblos y es excelente. Vivimos a otro ritmo, podemos tomarnos un mate mirando el campo. Sentimos que no solo estamos trabajando sino que estamos viviendo. Antes estábamos todo el tiempo intentado que mis hijos fueran felices y ahora no necesitan demasiado más que jugar”.