Cuando era niño, Luciano Bochicchino diseñaba sus propios juguetes. Los reciclaba y obtenía piezas inéditas. Gerardo, su papá era camionero y él lo imitaba. Jugaba con camioncitos, pasaba las tardes en el patio cargando y descargando los acoplados en miniatura. Modificaba los juguetes y les ponía su propia impronta: los pintaba de colores, les cambiaba las ruedas y les ponía amortiguadores.

Sin pensarlo, esos juegos marcaron su vida: cuando terminó la secundaría, dejó Saladillo y se fue a vivir a Buenos Aires. Se inscribió en la UBA para estudiar Diseñador Industrial. “Los juegos me enseñaron los conocimientos técnicos, desde chico incorporé cómo funcionaba un camión o un acoplado, luego en la universidad estudié y sumé herramientas y conocimiento. Eso me permitió, por ejemplo, diseñar desde un carro para llevar las piezas que construímos hasta todas las máquinas que usamos en Marote, mi emprendimiento”, dice Luciano.

Marote nace por la necesidad de estimular a consumidores responsables. Su proyecto de tésis en la facultad se basaba en transformar los residuos plásticos en objetos de diseño duraderos. “Después de muchísimas pruebas de materiales y procesos logramos arrancar con Marote. Nace en Buenos Aires, previo a la pandemia y durante marzo del 2020 pensamos la marca, el diseño y cómo transmitir nuestros valores. En marzo de 2021, por costos y calidad de vida, decido regresar a Saladillo. Además queríamos transmitir en el interior los beneficios de reutilizar y generar conciencia ciudadana”, cuenta Luciano.

En el proyecto trabajan seis personas y todos tienen una función específica. Desde diseñar nuevas piezas, trazar estrategias de comunicación y conquistar Municipios de la Provincia de Buenos Aires para que incorporen mobiliario urbano hecho con materia prima reutilizada.

“Marote es mi forma de vida. Desde chiquito, por lo bajos recursos de mi familia, rediseñaba mis propios juguetes. Los reciclaba y los transformaba en otra cosa. Luego en la facultad veía cualquier cosa tirada en la calle y me las llevaba a casa para modificarlas y crear algo nuevo. Todos los materiales que usa el diseñador vienen de la naturaleza: desde un metal a un plástico. Todos son recursos finitos y escasos. Por eso, debemos tener conciencia y reutilizarlos”, dice Luciano.

Su filosofía de vida es diseñar objetos a partir de materiales plásticos reciclados, que tienen un solo uso y luego se desechan. Luciano crea piezas de diseño duraderas, como macetas, llaveros, composteras, cuchas para mascotas y mobiliario urbano. “Siempre pido a los consumidores que separen correctamente la basura plástica para que terminen en proyectos como Marote o tantos otros. Volver a insertarlos, agregarles valor y formar una economía circular y de triple impacto. Y de esta forma dejaremos de maltratar a la naturaleza”.

Marote está vinculado a un taller protegido de Saladillo. El taller cuenta con 150 canastos distribuidos por el pueblo, donde los ciudadanos desechan botellas y envases plásticos. Luego retiran el contenido de los canastos y los clasifican por color y los enfardan: “Nosotros usamos las tapitas, los chicos nos las separan por color. Para fabricar los objetos usamos los colores puros y de esa forma evitamos los colorantes. En Marote trituramos las tapitas y las moldeamos con tecnología que diseñamos nosotros. Creamos a partir de dos procesos industriales: el rotomoldeo que usamos para piezas grandes como tachos de basura y bicicleteros y la inyección para fabricar objetos pequeños como llaveros, macetas  o jaboneras”, dice.

El emprendimiento está vinculado también al Municipio de Saladillo. Son los encargados de fabricar el mobiliario urbano. Para Luciano esto es muy importante porque crea conciencia y los vecinos ven los resultados de reciclar: “Es conciencia a gran escala. Marote es mi proyecto de vida, invertí todos mis ahorros en este proyecto”.