Como todos los días, esa mañana calurosa de diciembre Patricia Prenitune caminaba rumbo a la Municipalidad de Mercedes para cumplir con su trabajo de concejala.

Pero algo, en esa habitual rutina, cambiaría su vida. A Patricia le llamó la atención cuando se cruzó con dos mujeres que llevaban turbantes en la cabeza. Enseguida se dio cuenta de que habían perdido el pelo durante el tratamiento de quimioterapia. Llegó a su oficina con la certeza de que haberse cruzado con esas dos chicas era un señal que no podía desoír. Se le ocurrió armar un programa para facilitarles pelucas a personas que, por los tratamientos del cáncer u otras enfermedades, perdían su cabello. Patricia no tenía ni idea por dónde empezar. Entonces navegó por internet buscando información, encontró que unas mujeres en la ciudad de Baradero hacían pelucas solidarias, una punta por demás esperanzadora. Pero sabía que para avanzar debía contar con el ok del intendente.

– ¿Vos me apoyás para hacer pelucas que ayuden a la gente?- le preguntó Patricia a Juan I. Ustarroz.
– Sí. Dale para adelante.

Ese día, sin saberlo, Patricia cambiaría su vida y la de cientos de mujeres. Así nació Mechas Solidarias Mercedes, un espacio donde 13 mujeres mercedinas trabajan para devolverle la sonrisa y la ilusión a personas que perdieron el pelo durante diferentes tratamientos. Todos los días reciben donaciones de mechas de pelos con las que fabrican las pelucas naturales. En un año ya entregaron 70. El proyecto es un trabajo en conjunto entre el Centro Integrador Comunitario el Concejo Deliberante, la Municipalidad de Mercedes y la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (LALCEC). “Corazones que trabajan para alegrar corazones”, dice Patricia.

Patricia ya contaba con el aval del intendente. Ahora debía aprender hacer pelucas y armar un equipo para poder fabricarlas. Se le ocurrió armar dos desayunos en la Municipalidad de Mercedes. Al primero fue Katty, representante de Lalcec Argentina, que se sumó entusiasmada al proyecto. Patricia vio la necesidad de incluir peluqueras que supiesen el oficio. Al segundo desayuno convocó a los peluqueros de Mercedes. Cuando Sol Pérez escuchó el proyecto no lo dudó un instante.

Patricia se contactó con las mujeres de Baradero, que llevaban a cabo un proyecto similar, y les contó la idea. Hacia allá fueron para tomar un taller de capacitación intensivo. Cuando arrancaron, ninguna de las chicas sabía hacer pelucas. Ahora buscan alternativas para hacerlas cada vez mejor y en menos tiempo.

Todos los lunes, Sol, Elida, Claudia, Carmen, Patricia, China, Katty, Graciela, Silvia, Mercedes, Noemí, Silvia y Maribel, se juntan en una oficina del Instituto Unzué de Mercedes. Una construcción del siglo XIX, neogótico inglés, de pasillos anchos con arcadas y balcones a los jardines, en un parque de seis hectáreas rodeados de robles centenarios.

“Empezamos el 3 de febrero de 2017. La primera peluca tardamos dos meses en hacerla y se nos rompió. Ahora armamos una en cuatro horas. Es un trabajo de hormiga. Aunque soy peluquera nunca había armado una peluca. Esto me enseñó a valorar todo lo que tengo, mi familia, mi marido, mis hijos, mi gato, mi perro. Vivía pensando en lo que me faltaba y no disfrutaba lo que tenía. Me abrió el corazón”, dice Sol, pilar fundamental del proyecto.

La dinámica de trabajo consiste en clasificar por color, textura y largo las mechas de pelo que reciben de donaciones. Luego hacen “cortinas” que las cosen a mano y máquina y las moldean sobre un casco de tul. Para hacer una peluca se necesitan 25 cortinas, lo que suma unos seis metros de pelo. “Siempre estamos buscando cómo hacer que las pelucas sean lo más cómodas y livianas posibles. Todas donamos nuestro tiempo, ninguna cobra un peso. Lo hacemos con el corazón. Una vez vino una chica a buscar una peluca con 11 amigas que la acompañaban. Nos transmite mucha fuerza”, dice Graciela.

Las obras sociales no cubren las pelucas y las de pelo natural salen entre 50 mil y 60 mil pesos. En Mechas Solidarias las entregan gratis y las receptoras se comprometen a devolverlas en seis meses o una vez que les vuelva a crecer el pelo. Cuando, día tras día, les llega una carta con un mechón de pelo de alguien que se enteró del proyecto y manda su donación por correo, la alegría las desborda. Sienten que el proyecto camina.

La China, así se presenta con una sonrisa, es la encargada del taller, la mano fundamental para que el proyecto progrese. En su familia vivieron de cerca la impotencia de no tener dinero para comprar una peluca para su sobrina que falleció de cáncer. “Yo me enganché con este proyecto por lo que me pasó. Cuando me fue a buscar Patricia me gustó la idea. Yo no sabía ni enhebrar agujas. El abrazo que nos damos con las chicas que llegan es hermoso, nos enseña a crecer. Estar acá me hizo sanar la muerte de mi sobrina”, dice China.

Todos los días reciben consultas de mujeres de todo el país. Aún se acuerdan de la primera peluca que entregaron a una maestra que tenía un cumpleaños de 15 y no se animaba a ir a la fiesta. “Es una gran alegría hacer este trabajo. Nos nutre el alma. Es reconfortante ver esas sonrisas cuando reciben las pelucas. Este proyecto me completó como persona. Le dio sentido a la política que tanto anhelo. La política para modificar y hacer bien a las personas que sufren. Tener empatía con los que sufren para poder darles una mano y que los ayude a cambiar su realidad”, dice Patricia.

La imagen más hermosa, dicen, es cuando las chicas regresan al taller para devolver la peluca porque ya les creció el pelo. Las “mechas solidarias” sienten que cumplieron su trabajo. Esas pelucas las arreglarán para otras mujeres que las necesiten. “Es maravilloso ver a las personas cuando se van con una peluca. Una parte de nosotras se va con ellas. Es muy reconfortante hacer este trabajo”, cuenta Silvia.

Katti sufrió cáncer de mama. Cuando empezó a perder pelo con los tratamientos empezó, le pidió a su marido que la rapara: “Algunos no les gustaba verme rapada a otros sí, pero bueno mucho no me preocupaba. Me veo reflejada en las mujeres que llegan. La peluca que usé durante ese tiempo la presté y no me la devolvieron, la quería mucho, era parte de mi. Por eso entiendo lo importante de este proyecto. Esto me hace bien al corazón”, dice.
Las chicas de Mechas Solidarias no sólo reciben donaciones de pelo, sino que también necesitan agujas, hilos, alfileres, cintas de pintor. Del proyecto también participan otras colaboradoras que juntan pelo en peluquerías. Además, reciben con mucho amor a quienes quieran ir a cebarles unos mates o compartir una tarde en el taller.

“El pelo para mujer es la identidad. Nosotras tratamos de contenerlas. Llegan llorando y se van con una sonrisa, aunque ninguna de nosotras es psicóloga, tratamos de calmarlas y darles aliento. Muchas veces me llevo pelucas a casa, a veces me pasa que me junto con mis amigas y me llevo la peluca para adelantar trabajo”, dice Sol, quien aún recuerda el mensaje de una chica que recibió una peluca: “Gracias por cambiarme la vida”.