Fotos de Luisa Magadalena

“Todo esto que está acá es amor”, dice Sergio mientras abre sus brazos y señala las piezas de cerámica acomodadas sobre una mesa en su taller. Belén, su compañera, saca por un instante los ojos de un corazón de cerámica que pinta con dedicación. “Cada vez que prendemos el horno pedimos salud, amor para quienes van a recibir nuestras piezas. También pedimos que a la gente le guste nuestro trabajo”, dice.

Belén y Sergio son Nena y Nene, un emprendimiento de alfarería de dos artesanos que apuestan a trabajar de lo que aman.

Sergio nació en San Antonio de Areco, Belén en San Nicolás. Se conocieron mientras cursaban el profesorado en la Escuela nacional de Arte Nº 1, Gustavo Chertudi, en Areco. Hace cinco años, cuando terminaron el profesorado de arte, se fueron de vacaciones a Cerro Colorado, Córdoba. En las las tierras elegidas por Atahualpa Yupanqui, una de las reservas más importantes de arte rupestre de argentina, empezó el sueño de Nena y Nene. Fue durante una excursión a las cuevas naturales, que aún conservan las pinturas de los Comechingones. “En ese lugar soñado decidimos que queríamos dedicarnos a la alfarería. No encontramos explicación: ninguno de los dos sabía cerámica. Fue un viaje en donde nos conectamos. Al otro día fuimos a Nono y pasamos por una feria. Entonces supimos que nuestra cerámica las íbamos a vender en ferias”, cuentan, casi a coro.

Cuando volvieron del viaje se anotaron en la tecnicatura en cerámica. Mientras aprendían técnicas nuevas, las aplicaban a su producción. Nena y Nene ya estaba en marcha. Antes de llegar a las piezas que hoy venden, trabajaron y experimentaron cientos de modelos. “ “Estábamos sin trabajo. Nos pusimos con una madera y diez kilos de arcilla a hacer bolitas, eso se lo vendíamos a una señora que hacía atrapasueños. Le poníamos tanto amor y tanto énfasis a esas bolitas que esa pasión nos empujó”, cuenta Sergio. Avanzaban en la carrera y también en los diseños de sus productos. Arrancaron yendo a la feria del río con unas pocas piezas y ahí veían la recepción de la gente: “Si vendíamos más tazas rayadas y menos amarillas, para la semana siguiente fabricabamos más rayadas. Con lo que vendíamos comprabamos más molde”, dice Belén.

Encontraron un lugar soñado para instalar el taller. Un terreno sobre la calle Moreno, donde hace más de noventa años funcionaba un depósito de leña para los hornos de una panadería y que aún conserva la entrada de ladrillos de canto por donde entraban los carruajes repletos de toneladas de leña.

Ahora mientras amasan una pieza de barro, Belén y Sergio piden sanación para ellos y para quienes reciban los platos, las vasijas y los productos que hacen. Piden que las piezas iluminen y lleven paz: “Decidimos el nombre porque Sergio me decía Nena y yo a él Nene. Ese juego de palabras nos gustó”, recuerda Belén.  

Los chicos trabajan de lunes a lunes. “Al amor hay que ponerle muchas horas”, aclara Sergio. Por las mañanas hacen las piezas que los fines de semana venderán en la feria de artesanos de San Antonio de Areco. Sergio se encarga de moldear las piezas y Belén las decora y pinta, una por una. Cada pieza lleva unas tres horas de trabajo. Cada una entrará dos veces al horno.

La filosofía que persiguen Belén y Sergio es trabajar desde el amor. Ellos hacen de su oficio su manera de vivir. “La diferencia entre hacer un trabajo bien remunerado pero que no te guste, a un trabajo que no sea tan buena la ganancia pero que te guste, desde el corazón, eso es amor. El dinero solo es un trampolín para hacer otras cosas, pero no es todo”, reflexiona Sergio.  

En cuarto grado, Sergio hizo un dibujo que ganó un premio entre las escuelas de Areco. Con trazos de niño dibujó el puente viejo de San Antonio de Areco, iluminado por el sol, un niño en bicicleta con un barrilete y un paisano bajando a caballo. Esa escena es la que ve todos los fines de semana cuando arman el puesto en la feria municipal del río. “En ese lugar somos felices. Hacemos lo que nos gusta, trabajar con arcilla es trabajar con la tierra, eso nos conecta. Es increíble lo que se siente cuando trabajás de lo que amás. El único camino es el amor, no tengo dudas. Estamos abocados 100% al proyecto, primero está el proyecto, o sea nosotros ”, dice Sergio.

Belén sigue pintando una por una cada pieza, desde la primera a la última con la misma dedicación, como quien disfruta de lo que hace. Esos platos, las tazas, los cuencos, los tutores para plantas que luego venderán en su puesto de artesanos: “Para mi lo más lindo es que llegue el fin de semana para ir a la feria. Disfruto trabajando”.