Un grupo de jóvenes emprendedores norteños (Juan Collado y Gastón Arostegui, entre otros empresarios), junto a Rosario Quispe -fundadora de la Asociación Warmi Sayajsunqo (mujeres perseverantes, en quechua)-, se unieron para poner un marcha un emprendimiento de triple impacto: comercio justo, consumo responsable y cuidado del ambiente.

En 2013 se propusieron recuperar la Primera Hilandería y Tejeduría jujeña, fundada en 1922 con máquinas encargadas a Bélgica. Durante 90 años, la hilandería no había logrado encontrar un eje que uniera la producción de materia prima (la lana de llama y oveja, abundantes en la zona) con la mano de obra industrial, que le diera valor agregado. Con ese bagaje y experiencia acumulada, pusieron en marcha la Hilandería Warmi. “Desde el comienzo, pensamos en nuevos modelos, una nueva forma de hacer negocios”, dice Gastón Arostegui. “Somos unos bichos raros, en muchos sentidos”, agrega.

La sociedad con Warmi Sayajsunqo fue clave. Así entraron en contacto con más de 600 productores de lana de llama y oveja, que viven en la cordillera. Son los que aportan la materia prima que luego es derivada al área de tejido, donde se confeccionan las prendas de manera semi-artesanal. Las terminaciones se hacen a mano.

Los productos de Warmi están hechos con 100% de fibras naturales. “Son prendas para toda la vida. Esto lo podemos validar por los casi 100 años de historia, los productos se pasan de generación en generación, hay mantas que ya tienen tres generaciones”, cuenta Gastón.

La hilandería genera 25 puestos de trabajo y en los últimos años logró exportar sus productos a Estados Unidos, Alemania, Suiza, Australia, Uruguay y Chile. «Si bien el volumen de exportación es bajo, a su vez es considerable porque no hay registros de la exportación de estos productos textiles», sostiene Gastón, al detallar que «del total de ventas, un 15 por ciento se destina al exterior». Durante 1018, Hilandería Warmi realizó ventas a Estados Unidos que en promedio alcanzaron los 100.000 dólares, lo que representó «una de las mayores exportaciones textil de la provincia de Jujuy en su historia».

Negocios y triple impacto

El adn de Warmi se halla entre una forma diferente de encarar los negocios y el aporte social y cultural de la puna. Gastón considera que esa es la principal diferencia que permitió el crecimiento y consolidación de la empresa. Esa preocupación extra por cuestiones conexas al emprendimiento hace que tengan que lidiar con una cadena de valor informal. “Históricamente vapuleada”, dice Gastón. “La llama es muy importante para la cultura andina, los viene vistiendo y dándoles de comer hace miles de años. El productor es nuestro foco”, añade. Uno de los máximos avances de la empresa fue la de reconstruir la confianza con las comunidades. “Es difícil, requiere constancia, y lleva tiempo. Pero hay que insistir”, explica. Warmi es la primera industria que se instala en Abra Pampa y en la otra punta de la producción, en Palpalá, donde se confeccionan las prendas que venden por internet, hay una urdidora de madera, la única máquina que está desde el inicio de esta historia.

Una preocupación por el ambiente

La industria textil está muy cuestionada a nivel mundial. Es considerada una de las principales fuentes de contaminación del ambiente. Para Gastón, el problema es que nadie muestra qué pasa detrás de una prenda. “Hay que comprender que esta industria es contaminante porque cuando comprás una remera no sabés de dónde viene el algodón, nada, no tiene trazabilidad. Y en seis meses la tirás porque ya se rompió”, explica.Con los replanteos de negocios textiles, en Warmi creen que la industria será más parecida a su modelo: más calidad, materias primas naturales, procesos transparentes y trazabilidad. “Que un producto respete los tiempos de producción… la terminación de nuestros productos es hecha a mano”, insiste.

“Me imagino que muchas industrias van a repensar sus procesos, su relación con la sociedad y el medio ambiente. Va a ser inevitable, sobre todo a nivel de consumidor se va a dar algo que nosotros deseamos: un consumo más consciente, que respete los recursos y las personas”, agrega. Desde hace 9 años, Hilandería Warmi está en transformación permanente. Una transformación que incluye reglas del nuevo mercado, como la certificación de Empresa B, pero también una profunda interrelación con las Comunidades Andinas. “Todas las utilidades las reinvertimos en la puna y no podemos estar más contentos porque hacemos un producto de la puna, en la puna y por puneños”, cierra.

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