Después de años de desarrollar emprendimientos ajenos, en julio del 2020 Bruno Rossi decidió que era momento de tener su propio proyecto. Como siempre estuvo ligado a la gastronomía y le fascinaban los aderezos picantes, no dudó ni un segundo: tenía que fabricar salsas y el nombre debía ser Areco, en alusión al pueblo que lo vió crecer, San Antonio de Areco.

Bruno habló con su hermano Alejo, quien le aconsejó que se comunicara con el área de Desarrollo Productivo del municipio para darle forma y comenzar desde cero con una habilitación. “Nos propusimos hacer un buen producto, sabroso y de buena calidad. Gestionamos la PUPA (Pequeñas Unidades de Producción de Alimentos), que es una herramienta muy importante para poder expandir el proyecto”, dice.

Para poner en marcha el emprendimiento, Bruno y Alejo sumaron a Mauricio, quien pasó un año investigando y probando diferentes combinaciones para llegar a la receta final. El trabajo comenzó en julio de 2020 y terminó en agosto de 2021. Para probarlas se juntaban y hacían un asado o carne al horno adobada con las salsas. Hasta llegar a las finales hicieron más de 15 recetas diferentes.

“Comenzamos en la cocina de nuestra casa usando dos ollas, una de 70 litros y una de 50. Con eso podíamos hacer unos 80 o 100 frascos cada dos horas. Para producir más rápido compramos una olla de 130 litros, luego sacamos la cocina y compramos quemadores y más ollas. Armamos un espacio de fabricación con capacidad de producir 500 frascos por hora. Cada vez más gente los prueba y crecemos día a día”, cuentan.

Salsa Areco es miembro de Alimentos Cooperativos y por ser parte de esta red tuvieron acceso a un microcrédito del Centro de Comercialización de Productos de Agricultura Familiar (Cecopaf) que les permitió aumentar la capacidad de producción. “Nuestro sueño es que nuestra Pyme siga creciendo”, dicen.