Mariana tiene una idea: cambiar de raíz la cultura alimentaria, abonando la conexión con la tierra y la conciencia ambiental. De a poco, lo está logrando

Mariana Corada camina con delicadeza entre medio de los surcos de las lechugas criollas. En cada paso evita pisar los plantines que asoman sobre la tierra negra. Son las diez de la mañana en la huerta comunitaria de Capitán Sarmiento. El sol apenas calienta unos grados el aire helado que frunce hasta las manos. Se agacha rápido como si hubiese encontrado un tesoro: las zanahorias están a punto. Mariana hunde sus manos hasta sacar una, la observa en cada detalle y sonríe: está feliz. Esa zanahoria es el resultado de mucho trabajo comunitario que arrancó como un sueño hace dos años y hoy es un proyecto productivo con un fin social. De la planta al consumidor sin intermediarios, el futuro de soberanía alimentaria en la palma de la mano.

«Soy una fanática de la huerta, puedo estar el día entero. La huerta te da la posibilidad de probar y decidir lo que vos quieras. Es satisfacción pura: ver los alimentos que vos produjiste en tu mesa, que mis hijos de a poco coman verdura sana», dice Mariana, que aún conserva su tonada: nació en Córdoba y desde hace 18 años vive en Capitán Sarmiento, un pueblo de casi 14 mil habitantes a 150 kilómetros de Buenos Aires.

Mariana es Ingeniera Agrónoma. Desde hace tres años y medio es la Directora de Producción de Sarmiento. La idea de armar una huerta comunitaria era su objetivo, un sueño que quería hacer realidad. «El MInisterio de Desarrollo Social tenía un programa, Argentina Trabaja, y pudimos presentar como proyecto la huerta municipal», dice Mariana.

Cuando Mariana conoció el terreno sobre la calle Mitre supo que era ideal: estaba cerca del centro, era fácil para llegar en bicicleta para todos los trabajadores y visible para los vecinos que quisieran comprar verduras frescas y libres de agrotóxicos. No le importó que fuera un depósito abandonado de la empresa electrica Eden, lleno de piedra y cemento y pilares de luz, entre yuyos y tierra mezclada con arena y restos de materiales. Mariana, a pesar de la suciedad y el abandono, se imaginaba en ese espacio de 30 metros por 100 la huerta más hermosa del pueblo, una feria productiva con un corredor central y a los costados los surcos de verdura; se lo imaginaba con gente trabajando y con vecinos yendo a comprar.

«El espacio es perfecto: está dividido por un corredor central que cumple la función de calle y a los costados los paños de tierra. Cuando le pedí el terreno al Intendente accedió y se entusiasmó con el proyecto y colaboró con las herramientas de la municipalidad. Sacamos la primera capa de tierra que tenía arena y restos de material y la rellenamos con la tierra negra que sacaban de la obra de la autopista», recuerda Mariana.

Para preparar el terreno fueron meses de trabajo intenso, pasaron un arado de disco y unas rastras para nivelar y luego de eso comenzaron a trabajar la huerta. Mariana se entusiasmaba cuando veía los avances. «Siempre lo pensé como una huerta agroecológica, libre de agrotóxicos. Para combatir los insectos y las plagas usamos productos natuarales como purín de ortigas y de ajo. Para abonar mejor la tierra armamos composteras, conseguimos lombrices californianas, huano de gallina y caballo y además la Municipalidad había adquirido una chipiadora que es una máquina que va detras de la poda reduciendo el tamalo de las ramas y haciéndolas pequeñas como si fuese viruta», dice Mariana.

El diseño de la huerta fue guiado por el INTA, los especialistas aconsejaron hacer surcos cortos de un metro veinte de ancho por diez de largos, porque eso permitiría terminar una tarea en el día y generaba satisfacción en los trabajadores. «El cultivo era de variedades consociadas: es decir una verdura que produzca una raíz por ejemplo remolacha que crece para abajo, al lado acelga que crece para arriba y al costado cebolla que auyenta los bichos. Es todo un sistema. El fin de la huerta era aprendizaje y capacitación de los operarios. Empezaron 25 trabajadores, con el paso de los meses quedaron 13», cuenta Mariana.

El proyecto debía tener un fin social: toda la producción estaba destinada a los comedores escolares, al hospital, al hogar de ancianos de Capitán Sarmiento. El excedente se lo llevaban los trabajadores y, si aún quedaba verdura, se harían ferias y el dinero se lo repartirían entre los empleados. Mariana está segura de que la huerta es un espacio social que permite compartir con la comunidad experiencias. En una huerta todos suman: el que no conoce suma el trabajo y aprende y el que tiene conocimientos los brinda. «Es un trabajo solidario porque se puede hacer entre varios y compartir esa producción es muy importante para los pueblos. Ahora que se terminó el programa Argentina Trabaja queremos reconvertirla en una huerta municipal, en principio le ofreceremos trabajo a los que ya venían y sumar algunos más. No habrá sueldo Municipal, lo que se produzca será de ellos, será el dinero que ellos ganen. La Municipalidad aportará el terreno, los gastos fijos y las herramientas. Deberá subsistir con la producción, el canal de venta deberá ser la feria».

Mariana está convencida que para las sociedades pequeñas la huerta es un proyecto excelente. «La huerta es muy generosa, permite regalarle a quien quieras, es inagotable. Tirás la semilla y la planta sale, vos solo la tenés que conducir para una mejor producción. Creo que falta mucha cultura para valorar lo que se puede producir y lo que la tierra nos puede dar. Es importante mejorar la nutrición de los niños. Debemos volver a la seguridad alimentaria. Debemos encontrarle el gusto a la huerta. Es más fácil ir a comprar, pero es más sano la producción en casa. Tenemos que volver a la tierra, como hacían nuestros abuelos»
Mariana sueña con una huerta productiva. Sabe que es el camino. Seguirá apostando a las huertas comunitarias. «No se necesita una fábrica para producir. Nos complicamos la vida queriendo encontrar formas de subsistir cuando en tu casa podés tener una huerta. No puedo entender cómo todos no tenemos un espacio donde cultivemos. Hoy debería ser una elección tener una huerta. Este es mi sueño».