La humanidad consume más de 100.000 millones de toneladas de materiales al año, según Circle Economy. Una cifra que, se compare o no con campos de fútbol, asusta por su tamaño. Como considera el activista medioambiental y actor Jon Kortajarena en el vídeo que encabeza este artículo, vivimos en una sociedad de consumo acelerado, donde prima la producción de materiales y la inmediatez, a veces sin pensar demasiado en el destino de todos esos materiales. Algo en lo que concuerda el cantautor Andrés Suárez, con el que departe sentados en el Jardín Botánico de Madrid acerca del daño que esta generación incontrolada puede causar al planeta.

A pesar de las cifras, cada ciudadano puede tomar ciertas medidas para detener esta rueda de fabricación frenética e inconsciente. Como señala Kortajarena, a veces basta con acciones cotidianas para forjar un cambio. Por ejemplo, fijarse en de qué están hechas las cosas cuando las compramos, cosa que Suárez, que creció en la coruñesa playa de Pantín y tiene herencia marinera, dice que hace habitualmente. O evitar el consumo prescindible, mirar con lupa lo que se compra. También informarse del origen de aquello que adquirimos o ver las cosas desde la perspectiva del productor, un factor esencial en el camino hacia la sostenibilidad. Las tres erres: reciclar, reutilizar y reducir.

Ser un consumidor responsable, además del ciudadano, las empresas y las administraciones también han de sumarse al cambio. Para Mónica Chao, directora de Sostenibilidad de Ikea en España, este es un tiempo crucial, especialmente para la industria. “Ha llegado el momento de que a nivel global, sobre todo las empresas que tienen un gran impacto, produzcan con responsabilidad y de manera sostenible”, incide.

Junto a la trazabilidad de las materias primas, la prohibición de plásticos de un solo uso y la reciclabilidad de los residuos, grandes caballos de batalla de la sostenibilidad, se abre camino el uso de nuevos materiales sostenibles, un terreno por explorar que puede cambiar la partida. Entre otros, emergen algunos tan sorprendentes como el bambú, aprovechable entre su primer y tercer año de crecimiento, algo imposible en la mayoría de los árboles, para los que hay que esperar al séptimo; o la ancestral fibra de banano, frecuente en Japón, una materia prima antialérgica y muy flexible. Una nueva familia de materiales que, incluso, se podrían usar en la fabricación de guitarras para darles timbres diferentes y garantizar una construcción sostenible. Andrés Suárez no dudaría en probar una.

FUENTE: El País