«La idea de trabajar sobre el reconocimiento y preservación de la biodiversidad local ya nos estaba rondando desde hacía tiempo de manera individual. Y ahí incide una realidad local enmarcada en el contexto global de un sistema altamente depredador del medio ambiente», analizó la antropóloga Silvia Boggi y, a la vez, directora del proyecto «Bichos, yuyos y otras yerbas. Biodiversidad en tiempos de pandemia Covid19». La idea es lograr construir, en el lapso de tres meses y con la activa participación ciudadana, un «mapeo visual y sonoro de fauna y flora silvestre en Olavarría».

En la propuesta, que fue seleccionada desde el área de Extensión de la Unicen, participan además bioparque La Máxima, la red Custodios del Territorio, la Escuela Nacional Adolfo Pérez Esquivel y los Guardianes Ecológicos de Colonia Hinojo. La clave del proyecto está en que vecinas y vecinos se sientan motorizados para armar ese mapa que, en definitiva, permite ir sanando, paulatinamente, la herida que se fue abriendo entre lo humano y lo natural. Que es básicamente -planteó Boggi- una construcción de Occidente. «Es empezar a recuperar la visión de los pueblos originarios donde esta distinción no está presente y la tierra es incluso vista como sujeto de derecho».

Una fotografía o un video captados con un celular básico, un audio o un relato escrito que dé cuenta de aquel yuyo o aquel otro bicho que ya no está, al que se ve de modo mucho más esporádico o que, por alguna razón poco clara fue eliminado, son parte del desafío. Pero no sólo. Porque las y los vecinos que se prendan en la movida pueden también rescatar del baúl de la propia memoria los usos y costumbres familiares, barriales o comunitarios sobre la utilización medicinal de las hierbas naturales del entorno inmediato.

Esos yuyos y esos bichos que ya no están o que siguen estando pero a los que se acude escasamente son también parte de la identidad local y la reconstrucción de ese entramado es a lo que apuesta la movida. Silvia Boggi analizó que «las catástrofes ecológicas de las que hemos sido y continuamos siendo testigos, los asesinatos a lideresas y líderes socioambientales, el despojo de territorios y recursos de las comunidades, los índices de pobreza y pauperización, la vulneración de derechos, las manifestaciones masivas para la expresión de demandas que en ese momento estaban explotando en Chile son indicadores de la profundización de las crisis sociales. Y, finalmente, la emergencia de la pandemia por Covid 19. De manera diferencial y con distintos énfasis esas fueron algunas de las líneas de interpelación que nos impulsaron a generar una propuesta colectiva».

Uso y prácticas

«El vínculo con la naturaleza se revela como uno de los principios claves que nos interesa rescatar y poner en diálogo con nuestros propios saberes», especificó la directora del proyecto. «Y queda planteado además qué vinculos establecemos entre el saber científico y otros saberes. La Universidad no está fuera de lo social, forma parte. Entonces la idea es producir conocimiento a partir de esa doble interpelación. Del conocimiento científico hacia los otros saberes y viceversa».

Desde los meses previos al armado de la propuesta se debatió que no sólo es necesario el registro de la flora y la fauna sino, además, tener «registros etnofaunísticos o etnobotánicos. Es decir, que nos interesa también saber qué nombres se les adjudican a determinadas especies por un lado pero por otro cuáles han sido los usos y prácticas de esas especies. Va apareciendo el uso medicinal de elementos de la flora y en algunos casos de la fauna de nuestro entorno». Pero también se va advirtiendo sobre la necesidad de indagar acerca de los modos y las razones por las que ciertas especies ya no están o bien se ven escasamente.

«Antes se recolectaba del propio patio o del entorno más cercano tal o cual hierba para una infusión y hoy hay que recurrir a una dietética. Pero por ahora lo que vamos teniendo es muy parcial e incipiente. Recién se está en las primeras acciones», contó Boggi.

Georeferenciación

La mirada antropológica de la propuesta permite incorporar los saberes populares al mapeo. «Sumar los relatos de vecinos que cuenten acerca de las prácticas de sus padres, abuelos, conocidos y de ellos mismos en relación al uso de las plantas o de determinados ejemplares de la fauna para resolver lo que fuese. En lo curativo, en lo medicinal, ornamental o prácticas de eliminación. Porque incluso, queremos dar cuenta de cuáles ejemplares eliminamos a cotidiano en nuestro entorno».

Y como se trata de «un proyecto que tiene georeferenciación, va a permitir saber en qué lugares fueron registrados estos ejemplares dentro del partido de Olavarría. Creo que va a ser un proyecto en permanente construcción más allá de lo formal institucional de la propuesta. Y desde lo cualitativo va a aportar todas estas visiones que los propios actores sociales tienen tanto dentro de su memoria como desde sus prácticas actuales en el uso y en el comportamiento respecto de distintas especies que pueden habitar su cotidianeidad».

Fuente: El Popular