Hoy son alrededor de 22 mil, pero hace una década eran 10 mil menos. El flamenco austral o chileno, de color rosado y de pose y parada elegante, es uno de los muchos atractivos que tiene la laguna Epecuén. Esa cantidad de ejemplares convierten al espejo de agua salada en la segunda colonia sudamericana en importancia.

La especie está lejos de ser considerada en peligro de extinción, pero eso no significa que sea una de las apuntadas por el tráfico ilegal. Hace unos años, cada uno de ellos se podía pagar -vivo, claro está- hasta 100 dólares, para ser destinado en zoológicos o countries privados.

Nadie recuerda a ciencia cierta cuándo el lago Epecuén se convirtió en un sitio de nidificación de estos animales, pero se han hallado restos de huevos que tienen medio siglo de antigüedad, por lo que se estima que están allí hace bastante tiempo. Incluso, existen algunos registros fotográficos que los muestran en la laguna hace casi un siglo.

Entre estas acciones se creó un área protegida municipal, ya que gran parte del espacio que ocupan la laguna y el sector de nidificación pertenecen a privados, comprometidos con el cuidado de estas aves. A esto se sumó el trabajo conjunto con Áreas Protegidas de la Provincia y la creación de un Área Importante de Conservación de Aves (AICA), además del asesoramiento permanente de la fundación Aves Argentinas.

Así, se calcula que la cantidad de flamencos australes en Epecuén casi se duplicó en los últimos 10 años. Además, se siguen sumando más ejemplares: el lago es usado por fundaciones relacionadas con el cuidado de la vida silvestre para la reinserción en la naturaleza de ejemplares rescatados del cautiverio: hace pocos días se liberaron 19 rescatados del tráfico ilegal.

“Todo lo que hacemos, es con mucho cuidado -aseguró la guardaparques Viviana Castro, una de las responsables locales de la reserva-. Todo lo que tenemos como patrimonio cultural se encuentra en espacios privados, y es por eso que las únicas excursiones que se hacen a esos lugares, se realizan desde el municipio y la dirección de Turismo”.

Su presencia en el lugar se debe al lago y su reconocida salinidad, ya que consumen artemia salina, una sustancia que se encuentra en cantidad en el lugar. Además, como este elemento es rico en betacaroteno, de ahí obtienen su color rosado que es indispensable para la reproducción de la especie: cuanto más blanco sea el ave, menor posibilidad de reproducirse tendrá.

Castro recordó que esta no es solo la segunda colonia sudamericana de flamencos, sino también de falaropos (chorlitos), que normalmente vienen de Canadá y el Ártico y se quedan en Epecuén o en territorio patagónica.

“Aquí tenemos una población de unos 120 mil ejemplares, que normalmente vienen entre septiembre y octubre de un año, y se quedan hasta fines de abril”, contó.

Características

El flamenco austral o chileno cuenta con un pico mayormente gris en el pico, en las patas y en el plumaje, que lo diferencia de otras variedades que también se pueden encontrar en nuestro país. Además, estos presentan un tinte rosado, pueden alcanzar los 1,30 metros de altura y pesar hasta 3 kilos.

Se trata de un animal tranquilo, no agresivo, una cualidad que lo convierte en un blanco fácil de los cazadores, ya que se lo puede atrapar fácilmente.

Los nidos los hacen en algunos islotes que se forman a medida que se retira el agua, lejos de sus depredadores naturales como el zorro o las gaviotas. Se trata de una suerte de torre de 40 centímetros de altura, hechos de barro, saliva y plumas.Hay registros fotográficos de hace casi 100 años, que muestran que esta ave ya nidificaba en el lago Epecuén.

FUENTE: La Nueva Provincia.