En la entrada de la chacra de Elsa Pawluk hay, debajo de unas plantas, un viejo arado de hierro y un pequeño tractor anaranjado, herencia de su padre. El campito, en el que se siembra yerba mate y té, está camino a la localidad de Campo Viera, perteneciente al departamento de Oberá. «Siempre me gustó la chacra. Nací acá y no pienso irme nunca. Acá trabajé desde chica con mi papá que me enseñó a producir la yerba y quiero que estas plantas, algunas de más de 70 años, queden de herencia para mis nietos», dice Elsa bajo el tremendo sol del mediodía.
Ella y su marido, Ismael Krazuzki, forman parte de la cooperativa Río Paraná, que produce una yerba libre de agroquímicos, llamada Titrayju: las iniciales de Tierra, Trabajo y Justicia. La cooperativa, surgida de las entrañas del Movimiento Agrario Misionero (MAM), cuenta con el certificado de comercio justo y tiene como objetivos asegurar la cadena de producción y venta, la búsqueda de la seguridad alimentaria, el cuidado del medioambiente y ponerle freno a la emigración agraria.
«Comenzamos en la década del 80 con minifundistas y tabacaleros y lo transformamos en cooperativa agrícola en los 90», cuenta Salvador Torres, presidente de la entidad que tiene sede en Oberá. El camino que comenzaron a desandar en la década de 1970 los pequeños y medianos agricultores, que se organizaron ante la explotación histórica de esa región del país, dio nacimiento al MAM y fue el puntapié de un proceso que, en 2021, cumplió medio siglo de lucha y reivindicaciones para el sector.
Según datos aportados por el MAM, el 80% de la población rural misionera está ocupada en la producción agrícola, de la cual el 65% son pequeños productores criollos y «gringos» inmigrantes o hijos de inmigrantes, que viven del trabajo con sus familias en chacras de no más de 25 hectáreas, de las cuales casi ninguno de ellos es propietario.
La yerba mate es –históricamente– el principal cultivo de Misiones. «Calculamos que hay unas 18.000 plantaciones en la provincia, en las cuales 10.000 productores cultivan áreas menores a 6 hectáreas y otros 4.500, aproximadamente, cultivan extensiones menores a las 10 hectáreas», detalla Salvador Torres.

Unidos y organizados
La cooperativa fue creciendo hasta contar en la actualidad con alrededor de 100 asociados distribuidos entre Roca, Oberá, San Javier, San Pedro, El Soberbio, entre otras localidades que le permiten alcanzar una producción de un millón de kilos de hojas verdes que, al procesarlas, se convertirán en aproximadamente 350.000 kilos de yerba mate.
«Es un proceso que comienza en el invierno, cuando son cosechadas, planta por planta, las hojas de yerba verde. Después la secamos con el sistema de fuego directo en barbacuá, que es como lo hacían los pueblos originarios», explica Torres. Luego del secado la yerba recibe una molienda gruesa, pasando a la instancia de yerba «canchada» (la que se utiliza para tomar tereré). «Se estaciona un tiempo –dependiendo de su calidad– para enviarla luego al molino donde se realiza la molienda fina y su posterior envasado», dice Edelmiro Félix Machado, que lleva 23 años en la cooperativa. «Tengo el orgullo de ser el primero que envasó la Titrayju», cuenta el responsable del control de calidad, que trabaja en la planta envasadora ubicada en la localidad de Panambí, a 12 kilómetros de Oberá.
En la sede obereña de la cooperativa, donde un mural celebra los 50 años del MAM, además de la Titrayju y la Tamanduá (la otra marca de Río Paraná) se pueden comprar frutas, verduras, dulces, huevos, quesos criollos, legumbres. «Son otras producciones de nuestros asociados. Muchos las venden en las ferias francas que se hacen en Oberá y localidades cercanas en días fijos. Este espacio fue muy importante durante la pandemia, cuando las ferias no se podían hacer», cuenta Mabel Acosta, encargada de gestión en comercialización.
La yerba llega a distintos puntos del país a través de los nodos de la Unión Trabajadores de la Tierra y también se consigue en dietéticas y ferias. Otro de los canales de venta es con envíos ingresando al sitio www.yerbamatetitrayju.com.ar

FUENTE: Ulises Rodríguez / Revista Acción Coop