Si bien en Argentina se lleva adelante hace muchos años, en los últimos tiempos creció a paso firme y cada vez son más los productores que viran hacia este modelo, más amigable con el medioambiente y la comunidad.

“Hubo un crecimiento muy grande en los últimos años en la agricultura familiar al identificar estas prácticas; incluye una producción que intenta que todos los insumos se puedan proveer en el propio predio y no tener que comprarlos, eso genera soberanía. Además, los insumos están dolarizados y se hace muy débil la sustentabilidad del productor, porque lo que vende está en pesos y siempre hay un desfasaje”, dijo el ingeniero agrónomo Ezequiel Wainer, director provincial de Agricultura Familiar y Desarrollo Rural.

La agroecología también tiene en cuenta la cuestión social y no se ve la producción separada de la gente que trabaja. Por eso, Wainer señaló: “Los trabajadores están en mejores condiciones, porque se pone en valor lo ético de la producción y otras cuestiones como los costos ambientales. Cuando uno produce algo que deteriora la tierra, el aire y el agua, ese costo ambiental se socializa a las poblaciones lindantes. La agroecología busca que todas las fuerzas de la naturaleza estén a favor de la producción”.

Uno de los ejemplos de este crecimiento se observa desde hace un tiempo en el cordón frutihortícola platense, donde de la mano de las familias productoras se fue cambiando hacia este modelo, dado que el sistema tradicional limitaba su vida y trabajo en varios sentidos; pese a que siguen siendo minoría, cada vez se van incorporando más.

Desde el lado del consumidor, el especialista destacó que es beneficiosa dado que esta práctica plantea una producción libre de químicos, cuidando el ambiente y se trata de dar el mayor bienestar animal.

“Cuando uno consume algo producido en forma convencional puede ocurrir que no se respeten ciertos puntos, como los tiempos de uso, y el producto llega al mercado con residuos, algo que no pasa con los agroecológicos”, aclaró.

Fuente: Diario Hoy.