Investigadores que estudian restos humanos de Pompeya, Italia, lograron extraer material genético de los huesos de un hombre y de una mujer que quedaron atrapados en la erupción que dejó sepultada a esa ciudad romana. Este primer «genoma humano pompeyano» es un conjunto casi completo de «instrucciones genéticas» de las víctimas, codificadas en ADN extraído de sus huesos.

El ADN antiguo se conservó en cuerpos que estaban cubiertos en cenizas endurecidas por el tiempo. Los hallazgos fueron publicados en la revista Scientific Reports. Las dos personas fueron descubiertas por primera vez en 1933, en lo que los arqueólogos de Pompeya han llamado Casa del Fabbro, o La Casa del Artesano.

Quedaron atrapadas en la esquina del comedor, casi como si estuvieran almorzando cuando ocurrió la erupción, el 24 de agosto de 79 d.C. Un estudio reciente sugirió que la enorme nube de ceniza de la erupción del Monte Vesubio podría haberse vuelto letal para los habitantes de la ciudad en menos de 20 minutos.

¿Qué encontraron?
Las dos víctimas que estudiaron los investigadores, según la antropóloga Serena Viva, de la Universidad de Salento, no estaban en una posición de escape. «Por la posición, de sus cuerpos, parece que no estaban huyendo. La respuesta a por qué no huían podría estar en sus condiciones de salud», dijo Viva.

Tanto la notable conservación como la última tecnología de laboratorio permitieron a los científicos extraer una gran cantidad de información de una «cantidad realmente pequeña de polvo de hueso», como explicó el profesor Scorrano.

«Las nuevas máquinas de secuenciación pueden leer varios genomas completos al mismo tiempo», continuó.

El estudio genético reveló que el esqueleto del hombre contenía ADN de la bacteria que causa la tuberculosis, lo que sugiere que podría haber tenido la enfermedad antes de su muerte. Y un fragmento de hueso en la base de su cráneo contenía suficiente ADN intacto para descifrar todo su código genético. Esto demostró que compartía «marcadores genéticos», o puntos de referencia reconocibles en su código genético, con otras personas que vivieron en Italia durante la era imperial romana. Pero también tenía un grupo de genes que se encuentran comúnmente en los de la isla de Cerdeña, lo que sugiere que podría haber altos niveles de diversidad genética en la península italiana en ese momento.

El profesor Scorrano dijo que hay mucho más que aprender en los estudios biológicos de Pompeya, incluido el ADN ambiental antiguo, que podría revelar más sobre la biodiversidad en ese momento. «Pompeya es como una isla romana. Tenemos una imagen de un día en 79 d.C., es un tesoro. Estas personas son testigos silenciosos de uno de los hechos históricos más conocidos del mundo».