Por Ulises Rodríguez para Revista Acción

 

Los charrúas, pueblo originario que habitó el litoral argentino, parte de Uruguay y el sur de Brasil, construían toldos con ramas secas trenzadas y hojas para protegerse del agua. Lo llamaban pirí hué (pirí: toldo, hué: agua). En Concordia, provincia de Entre Ríos, una cooperativa adoptó ese nombre en memoria de aquel pueblo –hoy casi extinguido–«porque entendimos esta iniciativa como la construcción de un techo que nos sirva de reparo para los vientos que vienen, un espacio de identidad común, un lugar de encuentro para transformar nuestra realidad», cuenta María Anabel Salcedo, presidenta de la entidad.

A través de la cooperativa se comercializan alimentos de producción local y zonal (mayormente elaborados en forma artesanal y sin agregados de aditivos o agroquímicos) como frutas, verduras, dulces, conservas, panificados, pastas frescas, pescado de río, plantines y cosméticos naturales, entre otros, con la particularidad de que vincula de manera directa a productores que pertenecen a la economía social y solidaria (agricultura familiar, feriantes organizados y cooperativas) con los consumidores locales.

«Es un proyecto colectivo con participación activa de todos los actores. La red fue creciendo, tanto en cantidad y variedad de alimentos que se comercializan, como en consumidores que optan por esta propuesta alternativa», cuenta Salcedo sobre lo que comenzó a funcionar, a principios de 2016, como una red y dio paso a la conformación de una cooperativa que promueve la soberanía alimentaria, facilita un canal de comercialización a pequeños productores zonales y ofrece alimentos de calidad a la población.

El precio de cada producto es definido por los productores y a ese precio le adicionan un 17% que se construye del siguiente modo: 2% va a un fondo solidario (el destino de ese fondo se define anualmente en asamblea de productores y consumidores) y el 15% restante está destinado a solventar gastos de logística y del trabajo de coordinación y gestión de las actividades de la red. En la actualidad, Pirí-Hué está compuesta por 25 asociados entre productores y técnicos del área de la producción alimentaria. Junto a los integrantes de la red, suman unas 40 personas. «Como integrantes de una cooperativa, todes podemos opinar y tomar decisiones en las reuniones quincenales que realizamos. Además colaboramos en las tareas de logística y armado de las ferias, llegando a mejores resultados en menor tiempo. Por otro lado, al ser un proyecto asociativo, podemos gestionar muchas cosas que como emprendedores individuales no podríamos: acceso al financiamiento, a ferias y eventos, permisos municipales, compra de insumos, etcétera», explica la presidenta.

Múltiples opciones
Para la venta de productos, la cooperativa habilita, una vez por mes, la tienda virtual en pirihue.com para realizar los pedidos que luego son abonados y retirados el tercer miércoles del mes por la Facultad de Ciencias de la Alimentación de la Universidad Nacional de Entre Ríos (U.N.E.R.). Además cuentan con un local que abre al público todos los días. Otro punto de conexión con la cooperativa es a través de su fan page en Facebook o de la aplicación ESSApp.

Como parte de su trabajo con la comunidad, la cooperativa organiza mensualmente talleres gratuitos de formación sobre soberanía alimentaria, huerta agroecológica, cocina saludable, cosmética natural, compostaje, entre otros.
Pirí Hué es la primera experiencia de este tipo en la provincia de Entre Ríos. «Para la gente de Concordia y la zona fue toda una novedad y se engancharon rápido –se entusiasma Salcedo–. Muchos, incluso, nos escriben para participar en el equipo organizador o como emprendedores. Decidimos apostar al comercio justo, sin intermediarios, pensando en el consumo como un acto político».