Lo sano no puede ser un lujo. Es lo que cree Ignacio Marque, conocido como “Picu”, ingeniero agrónomo que desde hace varios años empezó a incursionar en la agroecología con el claro afán de contemplar y promover el equilibrio de la naturaleza, y lograr la producción de alimentos sanos y sustentables en Miramar, Otamendi y Sierra de los Padres. El proyecto, llamado Tarpuy (“sembrar”, en quechua), abarca 22 hectáreas y se inserta de lleno en un cambio de paradigma, que hace realidad la transición hacia economías y modos de producción con conciencia ambiental y cuidado de la salud.

El camino de Picu comenzó con la elaboración de bio-insumos naturales para equilibrar, nutrir y proteger a las plantas, reemplazando así los agrotóxicos y venenos que se utilizan de manera masiva en los cultivos de producción industrial. Luego nació Tarpuy, en 2017 en Miramar, entendido como un proyecto de agroecología participativa. Cuentan con cultivos propios y extensivos de papa, trigo y quinoa, todos libres de venenos. Articulan con otros proyectos agroecológicos de la zona que producen hortalizas y frutales.

Un objetivo es generar economías locales fuertes, sustentables, y también accesibilidad de alimentos sanos para toda la población, intentando romper el elitismo del “sello orgánico” de productos premium (y de elevado costo). Insisten en la consigna: lo saludable no puede ser un privilegio. La mayor parte de la comercialización se realiza en Miramar, Sierra de los Padres y Mar del Plata. También se ofrecen, en menor proporción, a la ciudad de Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Llegan directo a las familias (intentan evitar la intermediación) y también mediante nodos de venta de alimentos agroecológicos y emprendimientos locales de alimentación saludable.

“La agroecología no es solo producir sin agrotóxicos”, dice Picu, sino también mantener y mejorar los recursos naturales disponibles. La tierra es concebida como un organismo que genera vida desde los microorganismos que cobija, las raíces y las plantas. Agroecología es también proteger y fomentar la biodiversidad, sembrar diverso imitando a la naturaleza misma, entendiendo al ecosistema como un todo interconectado y respetando cada vida; a diferencia de la agricultura de venenos que tiende a matar todo lo que no constituye el cultivo que dará el rédito económico. En la agroecología cada insecto y cada planta cumplen un rol importante, en la red de interacción que es el ambiente.

También en un marco de urgencia a escala planetaria, el modelo de Tarpuy se planta como una solución al colapso ecológico que estamos viviendo, como manera de combatir las problemáticas y desastres humanos y naturales que trae aparejadas el modelo extractivista actual en su relación sin respeto, inteligencia ni amor con el agua y la tierra. En este sentido, lo humano y lo social son también pilares del proyecto: la revalorización de saberes ancestrales silenciados, la construcción colectiva de espacios productivos saludables y la accesibilidad de toda la población a este viejo-nuevo modo de producción son centrales. Por eso, la difusión de estas experiencias es de vital importancia para que crezcan y se fortalezcan estas maneras de producir, comer y vivir.

FUENTE: Tierra Viva