“El uso de los humedales para la cría de ganado, para el cultivo de transgénicos como la soja y para la expansión de urbanizaciones exclusivas, ponen en riesgo la conservación y restauración de humedales”. A horas de que el proyecto de ley de humedales pierda estado parlamentario, una vez más, son hombres y mujeres de la ciencia quienes salen a advertir que el daño que provoca la actividad humana en el ambiente está destruyendo todo. También, que al igual que el hachero que corta la rama en la que está sentado, está sellando irremediablemente su destino. La reciente difusión del único trabajo científico existente hasta el momento que analiza las consecuencias de las quemas ocurridas en la zona de islas y el delta paranaense durante 2020, dispara las alertas e interpela a la sociedad y a quienes tienen la responsabilidad de velar por la preservación de la biodiversidad y el equilibrio en los espacios naturales.

Además, recomienda “que se supriman o mitiguen los efectos limitantes -en referencia a la cría de ganado, los cultivos y urbanizaciones- para poder evaluar si será necesario aplicar métodos de restauración activa” para remediar el daño causado por los incendios.

El trabajo realizado por científicos y colaboradores del Conicet, del Laboratorio de Ecotoxicología-Cátedra de Ecología de la Restauración de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), del Instituto Nacional de Limnología, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL, del Foro Ecologista de Paraná y de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader), fue admitido y está a la espera de ser publicado en la revista científica Biodiversity and Conservation. El documento también abunda en las perspectivas de restauración ecológica de las zonas afectadas y brinda precisiones sobre las formas y el tiempo de reparación a mediano y largo plazo.

El objetivo del estudio fue evaluar los efectos de los incendios intencionales -que aumentaron en 2020- sobre el suelo, la vegetación y la fauna, en los humedales del río Paraná durante julio y septiembre. Los datos de campo obtenidos fueron vinculados a análisis de índices espectrales que permiten identificar la presencia de vegetación. Se evaluaron los tipos de unidades ambientales afectadas por el fuego, la profundidad de quema en el suelo y la intensidad (altura de llamas) y su afectación a especies vegetales y faunísticas.

Evaluaron además, la revegetación a mediano plazo con datos satelitales remotos mediante índices diferenciales normalizados de vegetación (valores NDVI), observaciones en el territorio sobre la resiliencia o resistencia y de ecología funcional de especies de vertebrados “facilitadores”.

Según el trabajo, los incendios afectaron principalmente los al bardones (83%) siguiendo en orden de importancia las media-lomas (47 %), depresiones o lagunas internas (17%) y barrancas (5%). La profundidad del suelo quemado varió entre -2 a -12 centímetros mientras que la altura de las llamas en especies leñosas alcanzó entre 2,70 a 4,20 metros. Los especialistas registraron 83 especies de plantas y tetrápodos afectados por el fuego de forma directa e indirecta. Ceibos, sauces y timbós fueron las especies leñosas más afectadas, mientras que ranas, tortugas de agua, teros y carpinchos presentaron los mayores porcentajes de afectación en vertebrados.

FUENTE: CONICET